El delito de ser “happy” en Irán

Por Cláudia Morán

Los jóvenes iraníes, en el vídeo / 20minutos.es

Los jóvenes iraníes, en el vídeo / 20minutos.es

Sócrates lo tenía claro: “La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta”. Permitidme la cita, ya que siempre que hay un conflicto en el mundo me gusta remitirme a los clásicos. Sin saberlo, el filósofo griego y sus coetáneos sentaron las bases de todo lo que hoy conocemos, razonamos y sentimos. La buena conducta, a mi entender, es aquello que obramos sin coartar la libertad de los demás (y si no, que se lo pregunten a Stuart Mill). Siguiendo esta regla, no entiendo cómo bailar en la azotea de un edificio al ritmo de “Happy” puede costar seis meses de cárcel y 91 latigazos, como les acaba de ocurrir a seis jóvenes en Irán. Lo que para muchos es una inocente expresión de la felicidad, en el país de los ayatolás es “vulgar”, muestra “relaciones ilícitas” y supone una ofensa a la “castidad pública”.

Castidad pública. Sólo con leerlo se le ponen a una los pelos de punta. Primero, porque no comprendo la relación entre el baile y la castidad y segundo porque, a mi modo de ver las cosas, la castidad, la vida sexual activa y hasta la lujuria deben ser elecciones libres y personales en las que nadie más que uno mismo pueda intervenir. Ni siquiera los ayatolás, por mucha ley islámica que lo avale. Por supuesto, uno de los aspectos que más ha les molestado del vídeo ha sido la aparición de tres mujeres sin el velo por las calles de Teherán, teniendo en cuenta que esta prenda es obligatoria -para las mujeres- en el país desde 1981; y también que éstas aparecían bailando con hombres, algo que en Irán se considera “ilícito” por suponer un contacto entre hombres y mujeres. Este hecho es sólo una muestra más de la ausencia de libertad de expresión que, cada vez en mayor medida, sufre este país de Oriente Medio.

Amnistía Internacional calificó inmediatamente de “absurda” e “injusta” esta condena, recordó que Irán continúa sin respetar el derecho a la libertad de expresión reconocido por Naciones Unidas y advirtió que, de aplicarse la pena, los condenados serán “presos de conciencia”. La organización también criticó la aparición de los seis jóvenes en la televisión estatal “confesando” (obligados) el “delito”. Absurdo, injusto y ridículo.

Cualquier intento de progreso o reforma en Irán está limitado por el régimen teocrático del ayatolá Jamenei. El presidente iraní, Hassan Rohani, publicó un tuit el pasado mayo, justo después de la detención de los jóvenes, en el que se refería a la felicidad: “#La felicidad es el derecho de nuestro pueblo. No debemos ser demasiado estrictos con comportamientos surgidos de la alegría”. Un mensaje más que sospechoso que deja poco margen a la casualidad. Y es que los cambios que quiere llevar a cabo Rohani, como avanzar hacia la igualdad y la libertad de expresión, son toda una utopía en un país de predicadores de la versión más radical del islam.

Por fortuna, la respuesta en Irán (y en el resto del mundo) a este tipo de ataques a la libertad de expresión es cada vez más contundente. En cuanto saltó la noticia de la condena de los seis iraníes, una ola de solidaridad se formó en Twitter bajo el hashtag #freehappyiranians, además de las decenas de vídeos similares que fueron publicados por varios usuarios para apoyar a los condenados. Organizaciones como Amnistía y la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán ya habían denunciado los constantes ataques a la libertad de expresión que se perpetúan a diario en el país asiático, denuncia que han reiterado a propósito de esta condena. El elevado porcentaje de jóvenes y universitarios iraníes (muchas de ellas mujeres) han activado la chispa del cambio en el país. Sólo hace falta una llama que prenda, porque Irán está pidiendo a gritos otra revolución.


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