Indígenas en América Latina: en peligro de extinción

Por Núria Segura Insa

Indígena Parkana

Indígena de la comunidad Parkana de la Amazonía brasileña/ Foto Archivo del 20 Minutos

Pese a ser los habitantes originarios, en América Latina muchas comunidades indígenas corren el riesgo de desaparecer física o culturalmente, según un estudio publicado recientemente por la CEPAL, que se basa en cifras del 2010. De hecho, con unos 45 millones de personas, tan solo representan el 8,3% de la población.

El país con más indígenas con una diferencia abismal es México, con 17 millones, seguido de Perú (7 millones), Bolivia (6,2 millones) y Guatemala (5,9 millones).  Sin embargo, otro de los datos relevantes es la proporción de este colectivo dentro de un mismo país. En este caso, Bolivia es el que contiene una mayor proporción de indígenas respecto al número de población, ya que representan el 62,2%,  seguido de Guatemala (41%), México (15,1%) y Chile (11%).

Se estima que en toda América Latina viven 826 pueblos indígenas diferentes, además de 200 tribus que viven en aislamiento voluntario, es decir, que no tienen contacto con otros seres humanos por voluntad propia y habitan, en la mayoría de los casos, en la inmensidad de la Amazonia. Por eso, no es de extrañar que Brasil sea el país del mundo con más grupos indígenas en aislamiento voluntario, un total de 77 grupos.

Además, pese que en Brasil solo hay 900.000 indígenas (0,5% de la población), también es el país de la región con más cantidad de pueblos originarios, 300, seguido de Colombia (102), Perú (85), México (78) y Bolivia (39).

Pero lamentablemente, Brasil, además, es líder en una de las cifras más trágicas, ya que en este país 70 pueblos indígenas se encuentran en peligro de desaparición física o cultural, seguido de Colombia (35) y Bolivia (13).

Mapa CEPAL

Mapa de la CEPAL sobre la población indígena en América Latina

Amenazas

Survival, una organización que lucha por la defensa de los pueblos indígenas,  destaca que estas poblaciones originarias se enfrentan a la presión y violencia de personas de fuera de la región, que quieren explotar sus recursos como es el caso de las empresas de madera y ganaderas o la extracción de oro en Brasil, que perjudicó seriamente a comunidades como Kawashivas o los Yanomami, respectivamente.

Por su parte, las comunidades en aislamiento voluntario son susceptibles de morir por enfermedades tan comunes como una gripe o un sarampión cuando entran en contacto con otros seres humanos, inmunes a estas enfermedades.

Pero la historia de las poblaciones indígenas ha sido trágica desde la llegada de los primeros colones españoles, hace 500 años, e incluso en la actualidad. El pasado mes de abril, por ejemplo, la comunidad Aché denunció ante un juez argentino al gobierno de Paraguay por los crímenes que se perpetraron contra esta población durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989). En la demanda, respaldada por el ex juez español Baltasar Garzón, piden que se les restituya las tierras que les fueron expropiadas.

En tan solo cinco años de la década de los 70, la población recolectora-cazadora Aché, que habitaba una zona montañosa del norte de Paraguay,  se redujo un 60%, ya que fue expulsada de sus tierras por culpa de la expansión agrícola. Se permitió y promovió la cacería de Ahcés, es decir, se dio licencia para asesinarlos, especialmente a los hombres, mientras que las mujeres y los niños, normalmente, se vendieron como esclavos.

“Fueron prácticamente desaparecidos y eliminados. Más de 200.000 bebés Aché fueron entregados para trabajo doméstico o vendidos en adopciones ilegales”, dijo en abril Baltasar Garzón, según unas declaraciones que recoge serviindi.org en su web.

Más implicación de los gobiernos

Para evitar la desaparición de las poblaciones indígenas, la Cepal recomienda a los gobiernos latinoamericanos que “incluyan a los indígenas y sus aportes en el desarrollo de la región; consoliden mejoras en  su bienestar y condiciones de vida, participación política y derechos territoriales; y fomenten la construcción de sociedades pluriculturales que nos benefician a todos y todas”.

Y la realidad es que es un deber de los gobiernos defender a la población indígena, los pueblos originarios de América Latina, de las amenazas de las grandes empresas extractoras, que explotan y destruyen sus ecosistemas para extraer recursos naturales y, por ende, terminan con su modo de vida y sus posibilidades de subsistir.

“Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero.” ( sabiduría indoamericana, anónimo)