La decepción demócrata, la política de discursos

El presidente estadounidense, Barack Obama, en una rueda de prensa. (EFE)

El presidente estadounidense, Barack Obama, en una rueda de prensa. (EFE)

En 2006, a dos años vista de las presidenciales, Hillary Clinton era la favorita entre los demócratas. En 2009, sin embargo, no era una mujer quién asumía el liderazgo de la Casa Blanca; lo hacía Barack Hussein Obama, convirtiéndose en el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos. Durante los primeros años de su mandato, Obama cayó en simpatía con sus discursos llenos de promesas y buenas intenciones. Después de la reelección en 2012, que le daba el margen de tiempo que pedía para completar sus planes, el presidente sigue sin cumplir varias de sus promesas y se encuentra en uno de los momentos de mayor impopularidad.

El pasado martes Obama vio perder a su partido por segunda vez desde que fue elegido presidente. En 2010, los republicanos ganaron la mayoría la Cámara de Representantes. Tras las legislativas que han tenido lugar esta semana, termina una campaña de 4.000 millones de dólares y los republicanos se hacen también con la mayoría en el Senado.

Algunos argumentan que el presidente ha llevado el país a una mejora económica – que lo ha hecho: la tasa de desempleo ha pasado del 9.5% al 5.9% en los últimos cuatro años-, pero la clase media estadounidense no ve claras mejoras en su día a día y Estados Unidos sigue siendo un país con grandes diferencias sociales, sigue siendo un país en que los bancos causantes de la crisis financiera siguen siendo too big to jail.

La reforma sanitaria es una de las victorias que Obama clama durante su mandato pero el otro gran pilar en política nacional, la reforma migratoria, sigue en proceso. Esta, que prevé la legalización de los cerca de 11 millones de indocumentados en el país y que tanto movilizó a parte de la comunidad hispanohablante del país, sigue siendo palabras en el viento. Por otro lado, Guantánamo sigue abierta y el escándalo de las revelaciones de espionaje de la NSA, hechas por Snowden, es todavía  muy reciente.

En política exterior no es que mejore precisamente. Obama no se metió en Siria, donde ahora hay una crisis humanitaria brutal, se fue de Iraq a toda prisa, dejando un país inestable a su suerte, y ha alargado la retirada de las tropas en Afganistán, la guerra que parecía no tener fin. Además, junto con sus socios europeos, se ha reactivado una especie de guerra fría con Ucrania como ‘proxy war’. Por si faltara poco, Estados Unidos se ha quedado prácticamente paralizado ante la crisis de Gaza y ha demostrado su falta de estrategia y dirección a la hora de hacer frente al Estado Islámico, que ya ha visto decapitar dos periodistas norteamericanos en los últimos meses.

 

En 2017 habrá un nuevo presidente o presidenta.  No sirve extrapolar los resultados de las legislativas pero está claro que la coalición demócrata ha perdido apoyo en los últimos años. La decepción es comprensible pero en un país tradicionalmente bipartidista como es Estados Unidos, la alternativa republicana no es muy alentadora. El Partido Republicano se ha visto influenciado en los últimos años por el movimiento populista Tea Party y algunos de los que han sido elegidos en estas legislativas podrían sonar más en los próximos años.