Dow Chemical: 30 años lavándose las manos

Pintada de protesta contra el presidente de Union Carbide frente a la planta química abandonada en Bhopal / Flickr:  jbhangoo

Pintada de protesta contra el presidente de Union Carbide frente a la planta química abandonada en Bhopal / Flickr: jbhangoo

Están a punto de cumplirse 30 años del mayor desastre industrial ocurrido en India, donde murieron más de 22.000 personas. Ocurrió en Bhopal el 3 de diciembre de 1984, al producirse una fuga de gas en una planta química de la empresa Dow Chemical. A pesar de los continuos requerimientos de los tribunales indios contra la multinacional, ésta continúa negando su responsabilidad en los hechos y esquivando dichas demandas.

La tragedia de Bhopal no sólo dejó decenas de miles de muertos, sino también unos 600.000 damnificados por los altos niveles de gas tóxico a los que se expusieron, y que aún hoy les acarrean graves problemas de salud. Además de que la planta, hoy abandonada, se ha convertido en un gran foco de contaminación que afecta al suministro local de agua, según denuncia Amnistía Internacional (AI). Todo apunta a que la fuga se produjo por una falta de mantenimiento en las instalaciones de la planta, según revelaron investigaciones posteriores.

Se cuentan por cientos los supervivientes y activistas que llevan tres décadas pidiendo justicia, exigiendo que la multinacional reconozca su responsabilidad sobre las víctimas y los supervivientes de la planta de Bhopal. Sin embargo, Dow Chemical se lava las manos responsabilizando de todo a su filial, la estadounidense Union Carbide Corporation (UCC) que, si bien era la propietaria mayoritaria de la planta el día que se produjo la fuga de gas (junto con el gobierno indio), ésta está “totalmente participada” por Dow Chemical desde 2001, según AI. Así, la organización sin ánimo de lucro sostiene que los gobiernos indio y estadounidense “deben hacer más por garantizar que Dow cumple las órdenes de los tribunales indios”.

Es triste ver cómo las empresas quedan prácticamente impunes ante casos como el de Bhopal. Pero más triste todavía es ver los rostros cansados de las víctimas que, sin embargo, no cesan en su empeño de que se haga justicia. El tiempo pasa, pero algo tan doloroso no se olvida. Y algo que también es triste, pero sobre todo profundamente injusto, es ver cómo los gobiernos dejan hacer a las empresas y no ejercen el más mínimo control sobre el perjuicio que éstas puedan causar a la sociedad. Estamos desprotegidos frente a una política neoliberal que convierte a las personas en daños colaterales de las multinacionales. Y más en un país tan desigual como India.