¿Por qué África occidental no puede combatir el ébola? Pregunten al FMI

Christine Lagarde, directora del FMI / EFE

Christine Lagarde, directora del FMI / EFE

Seguro que les suena la historia de priorizar el pago de la deuda por encima de todo. En nuestro país, de hecho, los derechos de la deuda, que parece ya un sujeto político, están tan por encima de todo que forman parte de la Constitución. Y como prioridad, eso supone que antes de pagar las pensiones, el sistema educativo o el de salud, hay que pagar lo que se debe.

A los países de África Occidental más afectados por el ébola, Guinea, Liberia y Sierra Leona, les pasó lo mismo que nos sucede a nosotros, pero en vez de llamarlo rescate, lo llamaron préstamo y se lo dio el Fondo Monetario Internacional (FMI). El dinero no sólo tenían que devolverlo con intereses, la institución también imponía una serie de condiciones por acudir al rescate de países que los demás olvidarían: el pago de la deuda sería la prioridad absoluta y después, la construcción de reservas de divisas. Con eso, se llevaban por delante el gasto sanitario, entre otras necesidades básicas.

Responsabilizar de la crisis del ébola, en parte, al FMI, no es un teoría retorcida de este blog. Es la conclusión de una investigación realizada por académicos de las tres principales universidades del Reino Unido, publicada la semana pasada por la agencia Reuters. La enfermedad ha pasado de tener un 90% a un 20% de mortalidad después de llegar al primer mundo, donde los sistemas sanitarios están consolidados. En África ha matado ya a casi 8.000 personas.

Uno de los autores del estudio, Alexander Kentikelenis, profesor de sociología de la Universidad de Cambridge, va aún más lejos: “Las políticas propuestas por el FMI han contribuido a que los sistemas de salud de los países con brotes de ébola estén faltos de financiación, mal preparados y sean incapaces de prestar la atención sanitaria suficiente a sus ciudadanos”. Lo más macabro es que para seguir haciendo funcionar los centros de salud, estos países dependen precisamente de los préstamos del fondo.

El modus operandi del FMI suele incluir una “reorganización” del sector público de los países deudores, es decir, descentralización de los servicios, es decir, privatizaciones. Cuando Reuters intentó obtener declaraciones de los funcionarios de la institución, sólo obtuvieron una respuesta por email: “El FMI está trabajando en mecanismos que permitan proporcionar un alivio más rápido de la deuda de estos países, lo que liberará más recursos que podrían ser utilizados en atención sanitaria”. O sea, que el FMI, tranquilamente, reconoce su parte de culpa.

No sabemos cuántas muertes se podrían haber evitado en Guinea, Liberia y Sierra Leona de haber estado sometidos a una política distinta de la del FMI. Lo que sí sabemos es que en Nigeria y en Senegal, donde no llegan las garras del FMI pero sí las del ébola, sus sistemas de salud, mucho más fuertes, han resistido el brote, lo han controlado a los pocos días de que surgiera y lo han eliminado en tiempo récord, en línea con el primer mundo. Tampoco lo dice este blog, la idea la resalta el estudio.

Eso sí, el FMI ha prometido 430 millones de dólares para luchar contra el ébola en estos tres países. Pero para la culpa no hay suero que valga.