Las guerras interminables: primero Al Qaeda, ahora EI

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en una imagen de archivo. (Kristoffer Tripplaar/EFE)

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en una imagen de archivo. (Kristoffer Tripplaar/EFE)

Tras las muertes de James Foley, Steven Sotloff, Abdul-Rahman Peter Kassig y Kayla Mueller, Obama busca respaldo y legitimación en su particular guerra contra el Estado Islámico. Es por ello que este miércoles presentó al Congreso una propuesta de Resolución para el Uso de la Fuerza (AUMF, en sus siglas en inglés) para combatir al grupo terrorista.

Obama no necesita pedir la aprobación del Congreso -en verano, por ejemplo, ya anunció que empezaría a bombardear Iraq para combatir al EI- pero le interesa. Lo que ahora busca el presidente no es una autorización de carácter legal sino una acción simbólica: tener el visto bueno de demócratas y republicanos en el Congreso para que sus acciones militares sean más legítimas. “Somos más fuertes como nación cuando el presidente y el Congreso trabajan juntos”, dijo en una ocasión.

Aunque este miércoles aseguró que la propuesta que presentaba ante el Congreso “no autorizaría operaciones de combate terrestre a largo plazo y de larga escala como aquellas conducidas en Irak o Afganistán”, las dudas están (deben estar) sobre la mesa. De momento, según el texto de la propuesta, la autorización del uso de la fuerza militar “debería terminar tres años después de la promulgación de la resolución conjunta, a menos que sea reautorizada” y no se especifica su aplicación geográfica. Así que puede ser Irak, Siria o cualquier otro país. 

Militantes de Estado Islámico apuntan a un grupo de soldados iraquíes. (Archivo/ GTRES)

Militantes de Estado Islámico apuntan a un grupo de soldados iraquíes. (Archivo/ GTRES)

Por otro lado, persigue hacer uso de sus poderes ante “fuerzas o personas asociadas [con el Estado Islámico]”, por lo que se entiende “individuos u organizaciones luchando con, en nombre de, o junto al ISIL o cualquier otra entidad sucesora en las hostilidades contra los Estados Unidos o sus socios de coalición”. O sea, una definición bastante amplia. Más allá de las intenciones iniciales de Obama y su equipo asesor, lo importante aquí será ver si la propuesta que resulte finalmente aprobada tras debates y reformulaciones limitará el uso de la fuerza, en qué términos y hasta qué fecha.

La pesadilla de las guerras que nunca terminan y que empezó con Bush contra Al Qaeda podría prorrogarse ahora en una lucha de otro presidente, Obama (y muy probablemente también su sucesor/a)  y contra otra organización, el Estado Islámico. Tras el 11-S el Congreso de Estados Unidos aprobó una resolución que permitió “legitimar” que tropas estadounidenses pisaran Irak y Afganistán y bombardearan países como Pakistán o Yemen. Esta misma autorización hace que todavía hoy, catorce años después, esta lucha no haya terminado.

Según el periodista Ryan Goodman, aquellos americanos que estén preocupados por otra interminable lucha contra el terrorismo tienen motivos para estarlo. “Los americanos podrían encontrarse en guerras que el Congreso no ha elegido, y en países que convierten América en menos segura, no más”, escribe en Foreign Policy.