¿Nacidas para coser?

Trabajadoras de una fábrica textil en Bangalore (India) se manifiestan contra sus condiciones laborales / Captura del documental "Las costuras de la piel"

Trabajadoras de una fábrica textil en Bangalore (India) se manifiestan contra sus condiciones laborales / Captura del documental “Las costuras de la piel”

Si hay una injusticia en este mundo que se escribe con letras mayúsculas es el hecho de ser pobre o rico por razones de nacimiento. Es un hecho: dime de dónde eres y te diré qué nivel de vida tienes.  Pero, si además de ser pobre eres mujer, el problema se incrementa en forma discriminación por género, explotación intimidatoria, violencia física en general y sexual en particular. Las trabajadoras textiles de la India y Bangladesh lo saben muy bien -aunque, por desgracia, son sólo un ejemplo de muchas en todo el mundo-. Ahora, por primera vez, las trabajadoras de una fábrica textil en Bangalore (una de las principales zonas exportadoras de ropa a nivel mundial) se han puesto en pie de guerra contra sus jefes, y hasta han fundado un sindicato, saltándose la estricta prohibición.

Así lo muestra el documental “Las costuras de la piel”, realizado por No Dust Films, que ha sido posible gracias a la financiación colectiva y que se preestrenó el pasado 6 de febrero en los cines Maldà de Barcelona. El documento nos muestra la cruda realidad de las trabajadoras textiles de la fábrica Goldenseam, quienes cobran unos 2,50 euros diarios trabajando más de 60 horas a la semana y bajo unas condiciones deplorables, con unos niveles de toxicidad química que las hacen enfermar. Ellas afirman sufrir chantajes diarios por parte de sus superiores para disuadirlas de protestar por su situación laboral y aseguran recibir maltrato físico y psicológico. Pone los pelos de punta ver cómo los superiores de estas mujeres, todos hombres, enmudecen de impotencia al verlas defendiendo firmemente sus derechos como trabajadoras y como mujeres. ¿Es este un caso aislado? No, es uno de tantos.

Bangladesh ha sido el escenario de varias catástrofes en fábricas textiles, producidas por las pésimas condiciones de las mismas. Recordemos el incendio en una fábrica textil de Mohammadpur producido en enero de 2013, en el que murieron siete trabajadoras; o el derrumbe de otra en Savar en abril del mismo año, que se cobró la vida de más de 1.127 personas y 2.500 resultaron heridas. Ambos sucesos sacaron los colores a multinacionales del sector textil al descubrirse que sus proveedores recurrían a las subcontratas textiles para abaratar costes.

Las denuncias de campañas como Captured by Cotton u organizaciones como Ropa Limpia consiguieron que varias marcas, incluidas las de Amancio Ortega, rompiesen relaciones con estas fábricas de explotación, pero las ONGs siguen insistiendo en que las multinacionales conocían a la perfección cuál era la situación laboral de las trabajadoras textiles.

El problema de la explotación en las fábricas textiles asiáticas no es sólo laboral, es un problema social que radica en la pésima situación que viven las mujeres y las niñas en Asia y que se incrementa por la pobreza. Es el problema de concebir a la mujer como sierva y complemento del hombre, de los matrimonios concertados y el comercio sexual, de la aceptación social de la violencia de género y la desigualdad salarial. Es la cruz de ser pobre, mujer y asiática, y depender de la suerte de que alguien haga un documental y te haga visible. Ojalá sigamos viendo a las mujeres que luchan, que son muchas en todo el mundo, y que de alguna forma siempre ganan por recordarnos que no hemos venido a este mundo para coser, sino para ser libres y maravillosas.