Garissa es Europa

148 jóvenes fueron asesinados el pasado jueves en Garissa, Kenia. Tras el atentado cometido por el grupo islamista somalí Al Shabab en este pueblo situado a unos 150 km de la frontera con Somalia, la cobertura de los medios españoles ha provocado una justificada indignación. En poco tiempo han aparecido en Twitter personas que comparaban la amplia cobertura desplegada para la tragedia en los Alpes con la escasa cobertura o el poco espacio dedicado a esta otra tragedia. Otros hacían mención implícita a los atentados yihadistas contra Charlie Hebdo en París. Xavier Aldekoa, corresponsal freelance en Sudáfrica desde hace años, tuiteaba el mismo día del atentado: “Insisto. Sé que Kenia queda lejos, y Garissa no es París. Pero un ataque yihadista así, con 147 universitarios muertos, es un ataque a todos.”

Gemma Parellada, que también lleva un puñado de años explicando África como periodista, lamentaba en su cuenta: “Estoy de luto por los 150 muertos del ataque de Garissa y por el periodismo en España.”

Al día siguiente de la matanza en Kenia algunos periódicos como El País o La Razón dedicaban un espacio ridículo a ello en sus portadas. El Mundo o La Vanguardia sí que se hacían eco de la noticia con un gran titular en portada. Por su lado el ABC apostaba por dedicar una página entera al Papa Francisco, que también era protagonista en La Razón. El acuerdo nuclear histórico Irán-EEUU dominaba el espacio en los medios y el inicio de la Semana Santa ha resucitado los clásicos de cada año por estas fechas: que si las monas más vendidas son estas o aquellas, que si la gente se va de vacaciones aquí o allí, las procesiones, etc.

Hablar de un tema no implica necesariamente no hablar de otro. La función de los medios es la de informar pero cada vez se olvida más la de educar o hacer reflexionar. No hace falta entrar en comparaciones con otros ataques ni poner en una balanza las víctimas de una tragedia u otra. Todas son víctimas y los medios son responsables de la atención que les prestan. Todos los medios (no todos sus periodistas) deciden qué es más importante y qué es secundario. Para empezar, ¿cuántos medios españoles tienen corresponsal en Kenia? Si alguno se lo plantea, en cualquier caso se plantea tener un corresponsal “en África”, como si fuera posible físicamente, como si África fuera una, como si ésta fuera un país. Ya lo deja claro el blog: África no es un país.

Dos sanitarios ayudan a una mujer que ha escapado de Garissa. (EFE)

Dos sanitarios ayudan a una mujer que ha escapado de Garissa. (EFE)

148 jóvenes universitarios murieron en el campus de su centro el pasado jueves. 148. No es el primer atentado que Al Shabab comete en Kenia, ni puede que sea el último –el grupo terrorista ha amenazado con más ataques si el gobierno de Kenia no retira sus tropas de Somalia-. Parémonos un momento. Pensemos en el horror que de la noticia de Garissa y en el centenar de jóvenes que han visto truncado su futuro. ¿Cuántos de los jóvenes supervivientes podrán finalizar sus estudios como una forma de “combatir al terrorismo”, tal como les animaba a hacerlo el presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta?

Hoy escribo sobre Kenia y lo hago sobre Europa. Para que se entienda -en esta manía de comparar- para mí y para otros muchos Garissa es Europa y su luto también es nuestro.