El desacuerdo EEUU-Irán

El presidente de EEUU, Barack Obama, habla en una rueda de prensa en la Casa Blanca sobre el acuerdo con Irán. (EFE/Archivo)

El presidente de EEUU, Barack Obama, habla en una rueda de prensa en la Casa Blanca sobre el acuerdo con Irán. (EFE/Archivo)

La semana pasada la prensa internacional anunciaba un “acuerdo histórico” entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, solo unos días después hemos visto como las partes implicadas no coinciden en lo supuestamente acordado en Lausana, Suiza, el pasado jueves. De todos modos, el acuerdo detallado –por ahora es papel mojado-deberá estar listo para el 30 de Junio, según el calendario previsto.

Uno de los puntos que ya ha generado discordia entre Washington y Teherán es, por ejemplo, como se desarrollará el levantamiento de sanciones sobre las exportaciones de gas, petróleo y el sistema financiero iraní, que bloquean activos valorados en más de 100.000 millones de dólares. Irán quiere que las sanciones  que pesan sobre el país sean eliminadas automáticamente tras llegar al acuerdo final. El país quiere volver a enviar petróleo y ganar acceso a los mercados financiero pero la administración Obama entiende el levantamiento de sanciones como un proceso progresivo, por fases.

“Es un buen acuerdo que cumple nuestros objetivos. Cortará cada camino que Irán podría tomar hacia un arma nuclear”, aseguró Obama tras el acuerdo. ¿Seguro? Estados Unidos y sus socios negociadores –Francia, Alemania, Reino Unido, Rusia y China- quieren limitar el número de centrifugadoras con las que la república islámica podría seguir enriqueciendo uranio con otros fines que no sean los civiles. Sin embargo, el acuerdo permitirá a los iraníes mantener más de 6.104 centrifugadoras y no se desmantelará ninguna. Según Barack Obama y John Kerry, pero, con estas limitaciones Irán tardaría –en caso de romper el acuerdo- un año para conseguir la energía suficiente para un arma nuclear. Muchos de los que ven el acuerdo con escepticismo opinan que este dejaría gran parte de la infraestructura nuclear iraní intacta. En cualquier caso hay que dejar claro que no existe ningún acuerdo formal así que es pronto para hablar de “acuerdo histórico”. De momento, todo lo que hay es un acuerdo preliminar.

La ‘campaña comercial’ de Obama

En Estados Unidos Obama ya ha empezado su particular “campaña comercial” para lograr el apoyo necesario en su país seduciendo al Congreso. Primera misión: convencer a los demócratas que no lo consideran un acuerdo favorable para su país. Segunda misión: vender el acuerdo a los republicanos para que no lo boicoteen, siguiendo el ejemplo del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que calificó Irán –enemigo histórico de Israel- como el “estado terrorista preeminente de nuestros tiempos”. Además, Netanyahu ha insistido que cualquier pacto final deberá incluir “un claro reconocimiento del derecho de Israel a existir”.

Complacer a Irán, a Israel, a demócratas y a republicanos es un rompecabezas imposible.  De seguir adelante, el pacto nuclear será visto en Estados Unidos como  un esperado triunfo en política exterior para unos y como un desastre para otros. Tras la reunión en Lausana, la agencia de noticias iraní FARS se preguntaba ya si la falta de coincidencia entre las declaraciones de Washington y Teherán era solo el principio de desencuentros futuros.