El egocentrismo israelí

Israel ha puesto trabas al acuerdo histórico entre las potencias occidentales e Irán / EFE

Israel ha puesto trabas al acuerdo histórico entre las potencias occidentales e Irán / EFE

Como era de esperar, Israel ha puesto trabas al acuerdo entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear del país persa. Estamos hablando de un acuerdo histórico, un insólito pacto entre las potencias occidentales e Irán que quizá no será posible de alcanzar una vez Obama abandone la Casa Blanca. Y, por otro lado, un entendimiento con Irán al que es posible llegar en el momento presente, pero probablemente no cuando haya cambios en el régimen iraní. Cabe recordar que durante el mandato de Mahmud Ahmadineyad la posibilidad de entendimiento con Estados Unidos, a pesar del acercamiento de Obama a Oriente Medio, era prácticamente nula. ¿Por qué Israel debe ser siempre el centro de la discusión sobre Oriente Medio?

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se apresuró a censurar el acuerdo al considerar que éste “amenaza la supervivencia de Israel”. ¿Cómo puede amenazar la supervivencia de Israel un acuerdo que consiste en el compromiso de Irán para reducir su producción nuclear? Un compromiso que, por cierto, será verificado por las potencias occidentales bajo el consentimiento iraní. Netanyahu quiere un pacto “más razonable” pero, ¿razonable para quién, más que para el propio Israel? El primer ministro israelí se dirige al mundo como si el acuerdo no afectase a ningún estado más que al propio Israel, como si el problema de las armas nucleares fuese exclusivo de Oriente Medio y, por tanto, como si Israel fuese la única víctima de la amenaza nuclear en el mundo.

El egocentrismo israelí suena a un victimismo barato que roza la paranoia. El propio Obama calificó las condiciones de Israel al pacto con Irán de “un error de juicio fundamental”. Por mucho que existan acuerdos de occidente con Irán -o con Pakistán, Arabia Saudí o Palestina- la historia reciente deja más que claro que si hay un país en el mundo que está siendo protegido a capa y espada contra sus detractores, ese es Israel. A pesar de que la relación actual entre Obama y Netanyahu no sea todo lo armoniosa que se espera entre los dirigentes de ambos países, y aunque las razones de Israel para ocupar el territorio (cada vez más amplio) que ocupa son más que discutibles en materia de Derechos Humanos.

Israel quiere que una de las condiciones indispensables del acuerdo sea que Irán reconozca su “derecho a existir” como Estado. No pone como condición, sin embargo, que el país de los ayatolás se comprometa a cesar la violación sistemática de los Derechos Humanos, las condenas a los homosexuales o la violencia hacia las mujeres. Ese no es el interés de Israel, porque el interés de Israel no es otro que el propio Israel, es decir, la hegemonía israelí en Oriente Medio.

Es necesario recordar a Netanyahu que la historia del mundo no se articula en torno a la historia de Israel. Los actores internacionales son muchos y deben trabajar conjuntamente para el desarrollo común de un mundo sin conflictos ni amenazas, en base al respeto inquebrantable hacia los Derechos Humanos. Esa, y no otra, es la verdadera tarea pendiente de Israel y de todos los países del mundo. Y ya no vale seguir argumentando con antisemitismo en un mundo donde cada vez gana más terreno la islamofobia.