Sí, fue un genocidio

Fosa común de armenios a principios del siglo XX

Fosa común de armenios a principios del siglo XX

El genocidio armenio acaba de cumplir un siglo y la polémica sobre si aquella matanza fue o no un verdadero genocidio sigue a la orden del día. La palabra genocidio no fue introducida como tal hasta casi 30 años después de que un millón y medio de armenios fueran masacrados por el Imperio Otomano -según datos de la Asociación Internacional de Investigadores sobre Genocidio (AIIG)-. La palabra vio la luz por primera vez en el marco del holocausto judío en la Alemania nazi, pero eso no significa que no existieran anteriores genocidios en la historia de la Humanidad. De hecho, numerosos estudios y expertos internacionales aseguran que la matanza en masa de armenios fue el primer genocidio del siglo XX, y cada vez más países lo reconocen como tal.

El principal argumento de las autoridades de Turquía para negar el genocidio es, todavía hoy, que no existió una intención de eliminar a los armenios, ya que se trataba de un conflicto interno en el contexto de la Primera Guerra Mundial y que los musulmanes también sufrieron sus consecuencias. También rebajan la cifra de armenios asesinados a 300.000 personas. No obstante, decenas de analistas comparan la masacre de la población armenia con el holocausto judío tanto en su origen como en su evolución. ¿Acaso no se llevó a cabo el holocausto en el contexto de la Segunda Guerra Mundial?

El odio hacia los armenios se fue forjando seis años antes de la guerra, cuando el grupo Jóvenes Turcos, marcadamente nacionalista y anti-armenio, dio un golpe de Estado en Turquía. Así, con el estallido de la Primera Guerra Mundial ya se había formado un discurso que culpaba a la población armenia de muchos de los problemas del país, además de señalarla como cómplice y confidente de Rusia. La persecución de los armenios estaba a la orden del día, así como los asesinatos. El cómo se perpetuaron aquellas atrocidades no está claro, por lo que no se sabe con seguridad si la crueldad de los crímenes contra los armenios es comparable a la que predominó durante el holocausto en la Alemania nazi. Lo que sí se sabe es que un millón de asesinatos (o 300.000) de un grupo étnico y religioso en concreto tiene que tener un nombre, y ese nombre es genocidio.

Tras todo aquello, el silencio ha reinado en Turquía en torno a lo ocurrido con la población armenia. Los juicios que iban a realizarse tras el conflicto fueron interrumpidos y los documentos destruidos por orden de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la Turquía que hoy conocemos y todo un icono de culto y admiración para la población turca. El retrato de Atatürk cuelga hoy en las principales salas de los edificios institucionales en Turquía, pero también podréis verlo en las casas y en algunas calles del país, todo un símbolo de orgullo para los turcos, que se resisten a “manchar” su nombre con la palabra genocidio.

Por eso el jugador del FC Barcelona Dani Alves se vio obligado a pedir disculpas en las redes sociales después de mostrar su apoyo a los armenios mediante una foto pública hace unos días, ya que se produjo un aluvión de críticas de seguidores turcos, muy ofendidos con el gesto.

Fuente: Twitter de Dani Alves

Fuente: Twitter de Dani Alves

La impunidad con el genocidio armenio es una de las más criticadas en el escenario internacional actual. Cada vez más países (Francia, Italia, Rusia, Bélgica o Canadá), instituciones internacionales (como el Parlamento Europeo o la Subcomisión de la ONU para la Prevención de Discriminación y Protección de las Minorías) y personalidades (como el Papa Francisco) reconocen la matanza de armenios como un genocidio. Otros, como Israel, reconocen sus vínculos con el holocausto judío, pero se resisten a hablar de genocidio para cuidar sus relaciones diplomáticas con Turquía.

Hay que recordar que el mismísimo Hitler utilizó lo ocurrido con los armenios en Turquía para justificar su propio genocidio: “Después de todo, ¿quién habla hoy del aniquilamiento de los armenios?”. El dictador pecó de inocente, y Turquía peca, aún hoy, de intransigente.