La Europa de mínimos ante el drama migratorio

Imagen de un barco de inmigrantes rescatados entre las costas de Italia y el norte de África. (Archivo/ EFE)

Imagen de un barco de inmigrantes rescatados entre las costas de Italia y el norte de África. (Archivo/ EFE)

Las comparaciones siempre han sido odiosas. Sobre todo si son del estilo del ministro del Interior español Jorge Fernández Díaz, a quien se le ocurrió esta semana comparar la llegada de inmigrantes a las costas europeas –sobretodo griegas e italianas- con las goteras de una casa. “En lugar de taponar esas goteras lo que hacemos es distribuir el agua que cae entre distintas habitaciones. Ese es el programa de reubicación”, dijo este lunes a los periodistas españoles antes de la reunión en Bruselas con sus homólogos en la que se fijó la reubicación o redistribución de 40.000 demandantes de asilo –la mayoría sirios y eritreos-, que ya se encuentran en Grecia e Italia, con el fin de aliviar estos dos países de la llegada de inmigrantes que les tiene completamente desbordados a un ritmo preocupante para la capacidad de acogida.

Siguiendo la metáfora de Fernández Díaz, “taponar” esas goteras no es la solución al problema migratorio, como han demostrado los distintos intentos fallidos de política migratoria de la UE, siempre centrados en el control de fronteras. Otra cosa que quedó demostrada este lunes es que la política migratoria común brilla por su ausencia y que el rechazo por parte de los estados miembros a fijar unas cuotas obligatorias para cada país en función de sus características y capacidades –algo diseñado y propuesto por la Comisión Europea- demuestra una vez más la falta de un compromiso real. Al final, como pasa a menudo cuando se habla de la UE, todo quedó en recomendaciones y es la voluntad política de cada estado la que cuenta.

De estas 40.000 personas que han pedido asilo, es decir, que han solicitado el reconocimiento de la condición de refugiado, 7.744 se han quedado sin. Y se han quedado sin porque algunos países no han cumplido con lo que se esperaba de ellos según las cuotas voluntarias “fijadas” por la CE, el plan finalmente acordado por los estados miembros. España, por ejemplo, es el país que ha rechazado más casos: 2.988 de los 4.288 que la CE le había asignado. O sea, que aceptará como asilados a 1.300. En algunos países directamente la solidaridad ha sido inexistente, como en Hungría o en Austria, que no acogerán ni una sola de estas personas que ahora se encuentran en Grecia o Italia, donde han llegado huyendo de la violencia y de las terribles condiciones que se han apoderado de sus países de origen. Aquello de la “solidaridad europea”.

Como bien explica ACNUR en su página web “los sistemas nacionales de asilo existen para determinar si las personas que solicitan asilo merecen protección internacional. A través de procedimientos apropiados, se determina si los solicitantes de asilo califican para el estatuto de refugiado o alguna otra forma de protección internacional. Los que no califiquen pueden ser devueltos a los respectivos países de origen”. Según un comunicado hecho público este martes por la Agencia de la ONU para los Refugiados, tanto la duración de los programas como la actual infraestructura de los servicios destinados a este colectivo, incluidos los CETIS de Ceuta y Melilla (Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes), donde más del 80% son refugiados sirios, “no están dando una respuesta adecuada a las necesidades de los solicitantes de asilo y refugiados en España, y están exponiendo a muchas personas a situaciones de riesgo y de marginación.” De los solicitantes de asilo que llegan a la Unión Europea, España sólo acoge al 1%.

Si bien se fracasó en aceptar a estos 40.000 solicitantes (sólo se llegó a 32.256) -uno de los objetivos de la reunión del lunes- sí se logró alcanzar el objetivo de reasentar a 20.000 refugiados –ya reconocidos por las Naciones Unidas- de países extracomunitarios-. Dicho de otro modo, se acordó traer a Europa a 20.000 refugiados de países terceros, como por ejemplo, Jordania. En este caso se superó incluso la cifra marcada como objetivo llegando a 22.504. En este reparto, a diferencia de las solicitudes de asilo, participaban también los países europeos no miembros de la Unión Europea, como es el caso de Noruega por ejemplo, quien encabezó la lista, comprometiéndose a acoger hasta 3.500 refugiados.

Ante este drama migratorio que recordamos a menudo en este blog y que parece fácil que todo quede en simples cifras, la actuación de algunos países (o mejor dicho, gobiernos) deja mucho que desear de esta Europa que algún día se soñó y que parece no poder aspirar a ser más que una Europa de mínimos, siempre de mínimos.