Las dos Europas ante el drama migratorio

Varios refugiados sirios esperan en la estación central de Múnich, Alemania, este lunes. (EFE/Andreas Gebert)

Varios refugiados sirios esperan en la estación central de Múnich, Alemania, este lunes. (EFE/Andreas Gebert)

Europa se divide de muchas formas más allá de sus fronteras. Están los países de la Europa del Sur y los del Norte cuando pensamos en la crisis. Están los rescatados por la Troika y los que no, los que usan el euro y los que no, los que forman parte del Espacio Schengen y los que no, los más europeístas y los que menos, los que pesan más, los que no pesan tanto y los que suelen pasar desapercibidos.

La crisis migratoria que afecta Europa desde hace años y que se ha evidenciado con la llegada masiva de refugiados sirios a nuestras fronteras ha demostrado, una vez más, que no hay una sino dos Europas. La solidaria, la que predica el discurso humanitario y busca métodos para dar asilo o refugio a estas personas y la que rehuye de sus responsabilidades. La que se indigna cuando se entera que 71 personas han muerto asfixiadas en un camión en Austria, que Hungría construirá una valla de 175km para impedir que inmigrantes crucen la frontera con Serbia o cuando ve imágenes de víctimas civiles en Siria. Y la que se queda indiferente. O peor, la Europa más invisible y más xenófoba, la que ataca centros de refugiados en Alemania o se apunta al discurso más racista sin pensarlo. Esa también existe.

Según el proyecto periodístico The Migrant Files, que recopila en una base de datos los inmigrantes muertos durante su intento de llegar a Europa, más de 30.000 refugiados habrían perdido la vida desde el año 2000. Según ACNUR, más de 2.000 han muerto solo desde inicios de 2015, período durante el cual más de 225.000 personas han llegado a la frontera sur del continente.

Un migrante espera para saltar una cerca antes de intentar tomar un tren en su ruta hacia Inglaterra, en Calais. (Francia) (EFE).

Un migrante espera para saltar una cerca antes de intentar tomar un tren en su ruta hacia Inglaterra, en Calais. (Francia) (EFE).

Según el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, que visitaba esta semana Calais, donde cerca de 3.000 inmigrantes esperan para llegar a Reino Unido, la UE empieza a movilizarse y “nadie se puede esconder del reparto equitativo de refugiados”. Aunque a finales de esta semana se reunirán los ministros de exteriores de los 28 de modo informal para discutir sobre inmigración, la llamada cumbre de emergencia a la que asistirán los ministros del interior no está prevista hasta el 14 de setiembre. A debate: una política común de asilo y un cuerpo europeo de seguridad entre otras medidas. Entre las distintas propuestas de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) hay desarrollar una nueva política de asilo y migración europea en la que se priorice a las personas y los derechos humanos, poner en marcha una operación de rescate y salvamento eficaz que cuente con los medios y el alcance necesarios, cumpliendo con el deber de socorro o habilitar vías legales y seguras que garanticen el acceso al derecho de asilo a las personas refugiadas evitando que tengan que emprender travesías mortales para obtener protección en un país seguro.

Mientras, en ciudades como Barcelona, el ayuntamiento crea un registro de familias que se ofrecen para acoger refugiados, una pareja en Alemania crea una web para poner en contacto refugiados en busca de un lugar donde vivir con gente que tiene un lugar para ofrecer. Esa es la Europa que no conoce de fronteras y que también existe y que no es de ninguna institución sino de sus ciudadanos.