¿Por qué Marruecos boicoteó IKEA?

Marruecos paralizó la inauguración de su primer Ikea / EFE

Marruecos paralizó la inauguración de su primer Ikea / EFE

La semana pasada saltaba la noticia de que Marruecos amenazaba con bloquear -y bloqueaba el martes pasado- la inauguración de su primer Ikea (y el primero de todo el Magreb). Días más tarde, Rabat amplió su intimidación y aseguró estar estudiando un “boicot” contra todas las empresas suecas. ¿El motivo? Los últimos movimientos en el ejecutivo de Suecia que, sin haber reconocido todavía la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), se está planteando su futuro reconocimiento y convertirse así -A T E N C I Ó N- en el primer país europeo en hacerlo. Punto para Suecia. Como respuesta, los nueve partidos políticos que configuran el parlamento marroquí acordaron defender la soberanía de la monarquía alauí sobre el Sáhara Occidental, ocupado desde 1975, “por todos los medios posibles, incluidos los económicos”, según un comunicado difundido por Reuters.

La reacción de Marruecos fue casi instantánea, e Ikea su primer objetivo: aunque la primera justificación de Rabat para la paralización de la inauguración fue la ausencia de un permiso, finalmente el gobierno islamista reconoció que se trataba de un boicot a “las empresas suecas” como respuesta a “campañas similares para boicotear empresas marroquíes”. Esta guerra económica también salpicó a la compañía Volvo, cuya sede en Casablanca fue cerrada casi al mismo tiempo “en aplicación de una orden judicial”, según la agencia Efe, y podría tener un efecto contagio en otras empresas suecas con presencia en Marruecos, como H&M. No obstante, lo de Ikea en el país magrebí es un movimiento más simbólico que otra cosa, ya que se trata de una filial del grupo sueco, mientras que la inversión principal corresponde a la compañía kuwaití Al Homaizi (lo mismo ocurre en Jordania y Kuwait).

¿Qué hay de cierto en que Suecia ha estado boicoteando compañías marroquíes?

Más bien poco. Y es que lo que el ejecutivo magrebí califica de boicot es el hecho de que Estocolmo se ha pronunciado en varias ocasiones contra las empresas que sacan rédito de los recursos del Sáhara sin que ello suponga un beneficio para los saharauis. Y no es para menos: en el 2010, la organización Western Sahara Resource Watch publicó una lista de “empresas españolas que expolian en el Sáhara“, y en la actualidad varias compañías internacionales se frotan las manos ante la posibilidad de llevar a cabo exploraciones petrolíferas en el Sáhara Occidental. Hace cuatro años, en 2011, el parlamento sueco votó el reconocimiento del Estado saharaui, una propuesta que no salió adelante por el rechazo del gobierno de turno. Ahora que el debate ha resurgido, el gobierno de Rabat comienza a ponerse nervioso.

La cuestión es si la postura de Suecia sobre el Sáhara podría tener un efecto dominó en otros países europeos, que hasta ahora no han movido ficha a favor del territorio saharaui. Ni siquiera España, que descolonizó el Sáhara Occidental en 1975 dejando el camino libre a la Marcha Verde de Marruecos para hacerse con él. Las opiniones al respecto son diversas, pero no cabe duda de que la relación entre el monarca Mohamed VI y la diplomacia europea, especialmente con sus homólogos de la realeza, es más que cordial. Y todos en Europa saben que la cuestión del Sáhara se sale del protocolo.