La pobreza que acecha en Europa

Gladys y su marido, con mantas de Cruz Roja para pasar el invierno.

Gladys y su marido, con mantas de Cruz Roja para pasar el invierno.(Miquel Taverna)

Más de 13 millones de personas en España se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social, una cifra que implica a casi el 30% de su población y que supone 5 puntos porcentuales más que en 2008. Lo dicen los últimos datos de la agencia europea de estadística, Eurostat, correspondientes a 2014 y publicados esta semana con motivo del Día Internacional por la Erradicación de la Pobreza, que se celebra este sábado. Precisamente datos como los que se desprenden de este informe deberían sacar los colores a los gobiernos que han hecho de la austeridad el mantra de los últimos años,  castigando a sus ciudadanos e incrementando las desigualdades.

Estas cifras sitúan España en peor situación que otros países del sur como Italia o Portugal, donde el porcentaje de población en riesgo de pobreza es del 28,1 y el 27,5, respectivamente. Sin embargo, de los sureños Grecia es el país en el que existe mayor porcentaje (36%). Estos datos contrastan con la situación en países como Suecia, Finlandia, Dinamarca e incluso Francia donde los porcentajes bailan entre el 17% y el 19%. Así, la media europea (¡1 de cada 4 europeos se encuentra en riesgo de pobreza!) no  sirve para observar las diferencias entre unos países y otros pero es igualmente preocupante. Otros datos facilitados por Eurostat tienen que ver con la pobreza energética: 1 de cada 10 europeos no puede mantener su hogar con una temperatura adecuada durante los meses fríos. Así, aunque algunos quieran hablar de recuperación las cifras muestran claramente que la pobreza sigue siendo un problema grave en Europa que debe abordarse con políticas sociales y de crecimiento.

Qué dicen las ONGs: problemas económicos, salud y vivienda

Los datos del Eurostat van en la misma línea de los que a menudo presentan ONGs como la Cruz Roja Española o Càritas Diocesana de Barcelona, que atienden buena parte de la población más afectada por la crisis y que sin quererlo contribuyen a sacar peso social y responsabilidades a los gobiernos. Según un informe sobre la vulnerabilidad de las personas atendidas por la Cruz Roja, el mayor problema de los usuarios es no poder llegar a fin de mes y un 14% de los encuestados afirma no tener ningún tipo de ingreso. El segundo problema tendría que ver con la salud y el tercero está asociado a la vivienda; dificultades para pagar el alquiler, no poder pagar los servicios de luz, gas, teléfono o comunidad o llevar algún tiempo sin poder pagar la hipoteca.

Por su lado, Càritas Diocesana de Barcelona, presentaba hace unos días un informe en el que se explicaba cómo la falta de acceso a una vivienda digna y accesible económicamente se asocia a una peor salud. Una de las conclusiones del informe es que varios indicadores de salud mejoran de manera significativa cuando también lo hacen las condiciones de vivienda. Uno de estos indicadores es, por ejemplo, el estado de salud mental, que mejora más en los usuarios después de que experimenten una mejora sustancial en sus condiciones de vivienda, por ejemplo, por medio de un realojamiento o ayuda al alquiler. Según apunta el informe, los datos muestran que “las intervenciones y las políticas que logran incidir sobre estos aspectos pueden redundar en impacto en bienestar psicológico y la salud física de colectivos vulnerables”.

La lucha contra la pobreza, entre las prioridades de NNUU

Tal como aseguran las Naciones Unidas, la pobreza implica más que la falta de recursos de ingresos para garantizar medios de vida sostenibles. Sus manifestaciones incluyen el hambre y la desnutrición, el acceso limitado a la educación y otros servicios básicos, la discriminación y la exclusión social, así como la falta de participación en la toma de decisiones.

Según se indica en su página web, el objetivo de reducir a la mitad las tasas de pobreza extrema entre 1990 y 2015, es decir el número de personas con ingresos inferiores a 1,25 dólares al día se ha conseguido y descendió ya en 2010 a menos de la mitad de la registrada en 1990. A pesar de ello, 1.200 millones de personas en todo el mundo se encuentran todavía en esa situación.