¿Adiós a las propinas?

“No creo en las propinas”, decía Mr Pink (Steve Buscemi) en Reservoir Dogs. “No doy propinas porque la sociedad diga que tengo que dejar propina. Quiero decir, si se esfuerzan mucho dejaré algo extra, pero automáticamente… es para los pájaros”.

El argumento del personaje mafioso de la película de Tarantino resulta un poco cínico y ventajista a los ojos de los espectadores, pero el debate incómodo que propone Mr. Pink en la ficción es parte de una realidad en nuestros días.

Danny Meyer, fundador de la cadena de restaurantes Shake Shack, anunció la semana pasada que eliminará el pago de propinas en sus 13 locales de Nueva York este año. Según explicó el empresario, la medida servirá para fomentar el pago de mejores salarios a los camareros y favorecer la equidad entre la cocina y los que dan el servicio en las barras o en las mesas.

En Estados Unidos la propina es obligatoria en muchos servicios como restaurantes, bares, hoteles y hasta peluquerías.

En la mayoría de los lugares se deja un espacio en blanco en la tarjeta para que el cliente detalle acorde a cómo se sintió atendido. Una propina de 5% puede usarse para indicar que percibió un mal servicio, pero “ni se te ocurra irte sin pagar porque el camarero puede perseguirte”, cuenta María Gobern, cronista de este blog que vive en Nueva York.

Las costumbres varían según el país. Por ejemplo, en Japón las propinas no existen. De hecho, es casi ofensivo dejarla porque se presupone que el servicio es bueno siempre y que el camarero no está haciendo un esfuerzo especial para recibir una recompensa económica.

Pero en líneas generales, el sistema es muy parecido en el resto del mundo: se calcula entre un 10 a 15% del valor del ticket final, aunque siempre se puede dejar más – o menos-, de acuerdo al servicio.

Andrea es camarera en un restaurante del centro de Buenos Aires. “Calculo que si se sacaran, es difícil que lo que se agregue al salario llegue a cubrir lo de las propinas“, cuenta a GSNotAftershave.

La propina un porcentaje alto de lo que ingresa por mes. “Es otro sueldo”, explica.

“En la mayoría de los lugares donde trabajé, contando los hoteles, la propina se reparte entre bacheros, cocina y barras”, dice Andrea, aunque el sistema cambia de acuerdo al país y las normas internas del establecimiento.

Para los clientes tampoco es del todo favorable la eliminación del pago extra.

La implementación de una política anti-propinas podría hacer que los precios de los establecimientos suban y que igualmente prevalezca la costumbre de dejar algo en la mesa, o que algunos lugares la sigan cobrando.

También es cierto que el sistema de dar propinas automáticamente favorece que los salarios sean bajos, porque los empleadores dan por descontado que sus empleados recibirán un porcentaje extra a fin de mes.

Entonces, ¿es una medida a favor de los trabajadores gastronómicos o estrategia de marketing?

La respuesta queda en cada uno. Usted, ¿deja propina?