Sáhara: 40 años de abandono

Aminetu Haidar es la cara más mediática de la reivindicación saharaui / EUROPA PRESS

Aminetu Haidar es la cara más mediática de la reivindicación saharaui / EUROPA PRESS

Han pasado cuatro décadas desde la histórica Marcha Verde por la que Marruecos se adueñó del Sáhara Occidental. Sin perdón y sin permiso. Un permiso que no pidió, simplemente porque no había nadie a quien pedírselo: España, bajo el régimen de un dictador moribundo, a fin de evitar el conflicto con la monarquía alauita había abandonado el territorio a su suerte. Cuarenta años después las cosas no sólo siguen igual para los saharauis, sino que España no ha asumido su error ni su responsabilidad en el conflicto. Nada nuevo bajo el sol, excepto el agravante de que la monarquía marroquí goza de una excelente acogida en los países europeos. Por no tener, el Sáhara no tuvo siquiera derecho a su propia primavera árabe.

¿Quién se acuerda ya de Gdeim Izik? Aquel campamento saharaui que se sublevó contra las fuerzas del orden de Marruecos el 10 de octubre de 2010, que fue duramente reprimido y silenciado, y que precedió a un cambio constitucional promovido desde Rabat para maquillar los más que dudosos métodos del rey Mohamed VI. Muchos expertos lo apuntan y probablemente no se equivocan: la mal llamada primavera árabe la empezaron los saharauis en Gdeim Izik. Pero ese conflicto, que a día de hoy se mantiene impune, muchos nos resistimos a desterrarlo de nuestra memorial, ya que explica por qué el Sáhara sigue estando como tal como se quedó en 1975.

Podemos observar a menudo en los medios, pero también en los discursos institucionales, una representación de Marruecos como una monarquía constitucional, con sus representantes en el parlamento y libre de revueltas árabes. Pero a este país magrebí siempre es importante mirarlo desde distintos ángulos: diversas voces criticaron su Constitución como un simple maquillaje que continúa otorgando amplios poderes al monarca. Por otro lado, el discurso imperante señala que el Sáhara es un territorio marroquí (al contrario de lo que indica la ONU, que reconoce la autodeterminación del pueblo saharaui) y, por último, diversas ONGs denuncian abusos y torturas de las fuerzas del orden de Marruecos a activistas saharauis. En el conflicto entre Marruecos y el Sáhara imperan la ley del silencio y la censura, como es el caso de este documental, prohibido en territorio marroquí:

¿Qué más tienen que hacer los saharauis para conseguir su independencia o, para quien no guste del término, su libertad? La lucha del Frente Polisario, tan criminalizada en determinados círculos diplomáticos, así como el trabajo de activistas como Aminetu Haidar, la cara más mediática de la reivindicación saharaui, y las acciones de la MINURSO para la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara no son suficientes. Los saharauis piden un posicionamiento claro de los países del mundo sobre la autodeterminación del Sáhara Occidental, quizá una de las reivindicaciones que más se ha prolongado en la historia reciente y cuya respuesta parece que seguirá haciéndose esperar. Cuarenta años de abandono merecen una respuesta.