Un mundo antagónico en Brooklyn, los judíos ultraortodoxos

Llevo ya unos meses viviendo en Nueva York y una de las cosas que me impactó a primera vista fue el barrio de los judíos ultraortodoxos. Lo tengo al lado de casa, en Brooklyn y sin darme cuenta un día al cruzar la avenida Lee me encontré en este nuevo mundo. Hace tiempo que voy tras ellos para intentar conseguir una entrevista pero a falta de suerte os contaré lo que he estado descubriendo de ellos.

La reacción de quien se adentra por primera vez en el vecindario judío de Williamsburg puede variar entre la perplejidad, curiosidad o incluso el miedo. He visto múltiples reacciones pero todas son debidas a lo mismo: el desconocimiento. ¿Quiénes son y por qué son tan diferentes a nosotros?

Los alrededor de 80.000 judíos ultraortodoxos que viven en Brooklyn pertenecen al grupo jasídico Satmer, compuesto en su mayoría por judíos húngaros y rumanos supervivientes del holocausto. Para esta comunidad la religión es una forma de vida que dirige todo su mundo, cómo vestir, qué comer o a qué dedicar su tiempo libre. Para ser Judío Ortodoxo tu madre también debe ser judía. Existe también la posibilidad de convertirse, pero no es fácil, el converso debe pasar todo un proceso complejo de estudios, sacrificios y años de relación con el mundo hebreo, debe demostrar su fuerte deseo formar parte o volver al pueblo judío.

Flickr lcrf

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El negro es su color

Lo que a primera vista llama la atención es su indumentaria. Los hombres se cubren la cabeza, primero con la kipá, en este caso más grande y de terciopelo negro, y después con un sombrero de ala ancha y revestido de piel de zorro llamado spodic. Se cubren la cabeza dos veces para recordar que siempre por encima de ellos está Dios observando todas sus acciones. El resto de su indumentaria es muy similar a la que usaban sus antepasados en el siglo XVIII, la misma que también que llevaban los primeros judíos ultraortodoxos que llegaron a Nueva York tras la segunda guerra mundial, los hombres visten una especie de casacas negras, suelen llevar largas barbas y dejan crecer dos tirabuzones largos a cada lado de las orejas llamados peyéh.

Una curiosidad sobre la ropa es que no puede contener hilos de diferentes materiales. Por eso, cuando dudan acerca de la composición, lo llevan a una especie de laboratorios donde investigan la prenda para descartar la mezcla de materiales. De hecho, la empresa española Zara tuvo que pedir disculpas en 2007 a la comunidad ortodoxa judía por haber incurrido en lo que esta considera un grave pecado: mezclar lino y algodón en una misma prenda.

Mujeres con pelucas

Las mujeres casadas tienen que cubrirse el pelo para evitar que lo vean el resto de los hombres. Consideran que el pelo le aporta a la mujer una sensualidad que sólo debe disfrutar el marido y nadie más. Hay quienes lo hacen mediante un sombrero o un turbante, aunque la mayoría lleva una peluca, llamada sheitel.

Las de ascendencia Jainística húngara suelen, además, llevar el pelo rapado bajo la peluca. Lo hacen cuando se casan y lo mantienen así durante toda su vida. Hace unos años, cuando la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, estaba de máxima actualidad, se puso de moda entre las mujeres judías ortodoxas la peluca que copiaba su peinado. Se vendieron montones a más 600$ cada una.

El resto de su indumentaria va acorde con sus peinados: faldas por debajo de la rodilla, siempre medias, incluso e verano, nunca escotes y mangas hasta el codo. Por supuesto, todo de color oscuro, ya que los colores ‘chillones’: rosas, naranjas, etc… sólo los pueden llevar las niñas hasta una determinada edad.

Ellas son el bastión de la familia, paren unos siete-ocho hijos de media, se ocupan de la casa, del marido e incluso algunas trabajan dentro del barrio, la mayoría como maestras. Los hombres, mientras, meditan, estudian los libros sagrados, atienden pequeños comercios o los más afortunados se dedican al comercio del diamante en el East Side de Manhattan, negocio cuyos epicentros se encuentran en Nueva York, Jerusalén y Amberes.

El Sabbat

El sábado, que es su día sagrado (Sabbat),  se visten de “gala” con ropas de seda para celebrarlo. Durante el Sabbat tienen prohibido trabajar y su ciudad queda desierta, todos los negocios están cerrados. El domingo, sin embargo, es otro día normal.

Durante el Sabbat no sólo se les prohíbe trabajar, por ejemplo, tampoco pueden pulsar ningún botón. En los edificios altos, los ascensores se programan para que los sábados paren en todas las plantas y evitar así tener que darle al botón de tu piso.  La explicación para esta prohibición es que no se deben activar procesos que impliquen transformaciones, como en este caso el proceso de conducción de la electricidad.

En el Sabbat se celebran grandes comidas, (preparadas el día anterior, porque ese día tiene prohibido cocinar) y cantan canciones sagradas. Son muy musicales, ¡algunos rabinos hasta venden discos! Durante el Sabbat, los hombres casados llevan un sobrero de pelo con forma circular llamado shtreimel.

Flickr KiGos

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Otra tradición curiosa que tuve el placer de ver en medio de la calle es el Kapparot, es un ritual practicado por algunos judíos en la vigília del Yom Kippur. Consiste en dar la vuelta a un gallo tres veces alrededor de la cabeza del oficiante, simbólicamente transfiriendo los propios pecados al gallo. El gallo se sacrifica y se entrega a los pobres para ser consumido como último aperitivo antes del ayuno.

8 hijos de media

Los judíos ortodoxos se casan muy jóvenes y sus bodas son acordadas entre los padres y los rabinos, incluso llegan a casarse sin haber estado nunca a solas. Cada noche en la comunidad se celebran entre diez y doce bodas. El objetivo del matrimonio es el de tener hijos y lo llevan a cabo con gran compromiso…si paseáis por las calles por dónde viven podréis ver parejas jovencísimas con unos 8 hijos.

La elevada tasa de natalidad junto a al bajo nivel formativo hacen que los índices de pobreza sean bastante altos en la comunidad. Muy lejos de la imagen que tenemos del judío empresario de éxito, cerca de la mitad de las familias ortodoxas viven por debajo del umbral de la pobreza. La falta de formación es una razón, estos acuden a colegios donde la educación se centra en el estudio de la religión o algunos son amaestrados en casa por su madre. La mayoría, por tanto, tienen empleos de baja cualificación.

De los beneficios que otorga el Estado de Israel a los judíos, los ultraortodoxos tampoco se benefician. Es más, lo rechazan considerándolo como “dinero sucio”. Una vez vi cerca de la estación de metro un judío ortodoxo con un cartel que decía “Israel es el demonio”, pregunté a un conocido y me contó que para muchos judíos ortodoxos el estado de Israel es la causa de gran parte de los males de este mundo. Ellos ansían la Tierra Prometida pero no aquella que conseguida mediante la guerra sino la que traerá el mesías, cuando llegue. Consideran que el holocausto fue una causa directa del nacimiento del sionismo en el siglo XIX, al igual que lo es hoy en día el terrorismo.

Dos mundos antagónicos a menos de veinte metros

Broadway Street marca el límite entre esta otra realidad y el barrio moderno de Williamsburg. Al cruzar “la frontera” te encuentras con los mercadillos vintage, la meca de la bohème, los artistas y lo más fashion de la ciudad. Dos mundos antagónicos en menos de veinte metros. Los niños judíos ultraortodoxos tienen como vecinos a los hipsters y entre ellos jamás se mezclarán. Comparten una zona del barrio de Brooklyn pero los judíos ultraortodoxos tienen sus propias escuelas, sus hospitales y sus sociedades de préstamo gratuito, incluso gozan de su propio autobús escolar, amarillo como todos pero con las inscripciones en hebreo.

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La verdad es que lo que sentí la primera vez que aterricé en este barrio es que había entrado en el pasado… Los escaparates paupérrimos esconden negocios de gran calidad, se encuentran grandes orfebres, panaderos y productores de alimentos kosher (los alimentos tienen un cortado especial y no se pueden mezclan productos cárnicos con lácteos) tras esos cristales, ¡hasta me han recomendado un zapatero a mitad de precio en la zona! Es incómodo pasearse por sus calles, ya que entre ellos hablan yiddish y se comportan como habitantes de un gueto que no parecen muy entusiasmados con los turistas deambulando por sus calles, y lo entiendo porque se deben sentir como monos de feria por nuestras caras de asombro…

 

 

Artículo actualizado 21/11/15 gracias a la ayuda de Alejo Moreno.