Ni una mujer en la mesa sobre Siria

El papel de las mujeres kurdas en Kobane fue fundamental para combatir al Daesh / FLICKR

El papel de las mujeres kurdas en Kobane fue fundamental para combatir al Daesh / FLICKR

Es una de esas noticias que se nos pueden pasar por alto, pero ahí está: ni una sola mujer estaba sentada a la mesa de diálogo sobre Siria que tuvo lugar el lunes en París. Aquí la foto. Y es que ni una sola mujer en los grandes países ocupa la silla de asuntos exteriores. Lo grave de este asunto no es sólo una cuestión numérica, sino el hecho de que actualmente Siria, como todo Oriente Medio, es una de las zonas donde las mujeres sufren más cargas por el hecho de ser mujeres, sometidas a violencia y esclavitud sexual, violencia patriarcal y soportando solas la carga familiar al fallecer sus parejas y familiares. Como sabemos, en muchos casos son sometidas a las peores prácticas del fanatismo como la ablación o la lapidación y son obligadas a vestir el burka. Pero en la cúpula del poder mundial no hay mujeres para poner sobre la mesa los problemas de las mujeres.

No hay que olvidar que los sirios que se han quedado en su país son, mayoritariamente, los que no disponen de medios económicos para huir, y entre ellos hay un gran porcentaje de mujeres que deben quedarse al cuidado de los ancianos y los niños. Esto solemos obviarlo, especialmente porque pensamos que la guerra afecta a todos, pero lo cierto es que no a todos por igual. En los conflictos de Oriente Medio, mujeres adultas, menores y ancianas sufrieron y sufren violencia sexual por parte de rebeldes, pero también de soldados, como vimos en Irak o Afganistán.

La miseria y la pobreza sitúan a las mujeres ante dos caminos: el primero, el matrimonio forzoso, frecuentemente con hombres que las esclavizan y las maltratan; y, el segundo y el más humillante para su honor, la prostitución. En este contexto, la escritora y politóloga iraní Nazanín Armanian destaca que, mientras que hace unos años las familias preservaban por encima de todo el honor de sus hijas, el nuevo escenario nos muestra a hombres que obligan a sus mujeres e hijas a ejercer la prostitución para poder salir adelante. Económicamente, claro está, ya que tanto los matrimonios forzosos como la prostitución excluyen a las mujeres de la libertad y del derecho a la educación. ¿Está ocurriendo todo esto en Siria? No lo sabemos a ciencia cierta, pero los antecedentes en sus países vecinos y lo que tienen en común nos indican que la historia se repetirá.

La nueva política en los países democráticos ha demostrado que la presencia elevada de mujeres en las cámaras es necesaria para sacar adelante asuntos que atañen y preocupan a las mujeres y que los hombres suelen obviar. Sin embargo, y a pesar de la problemática femenina en Oriente Medio, en la reunión del lunes en París no había féminas alrededor de la mesa. Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Turquía, Arabia Saudí, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Turquía. Ni una mujer se ocupa de los asuntos exteriores de estos países. Según un informe publicado por la ONU en 2012 sobre la participación femenina en negociaciones de paz entre 1992 y 2011, sólo un 4% de mujeres fueron firmantes, un 2,4% mediadoras principales, un 3,7% testigos y un 9% negociadoras. En todos los casos, por debajo del 10% de representación femenina. Y, si bien es cierto que el número de mujeres en los cargos de responsabilidad política aumenta, la misma fuente señala que las féminas se ocupan casi exclusivamente de los puestos más sociales y de cuidado, como la educación y la sanidad, pero en muy pocos casos de la justicia, la economía, la defensa o, como en este caso, los asuntos exteriores.

¿Es que las mujeres no tenemos un papel en el orden y el desorden mundial? Entonces, ¿por qué estamos infrarrepresentadas? ¿Por qué cuesta tanto reconocer el problema añadido que supone ser mujer en una zona de conflicto? O el importante papel que desempeñamos en determinados conflictos, como el kurdo. ¿O es que Kobane sería lo mismo sin sus mujeres?