Dinamarca: de ratificar la convención de Ginebra a proponer confiscar joyas a los refugiados

Un grupo de refugiados camina por una autovía por el norte de Dinamarca. Foto: EFE/Archivo

Un grupo de refugiados camina por una autovía por el norte de Dinamarca. Foto: EFE/Archivo

Dinamarca, uno de esos países que a menudo se pone como ejemplo de país modelo, apareció hace poco en los titulares tras proponer confiscar joyas y objetos valiosos (eso sí, el gobierno danés hace excepciones como el anillo de compromiso) a los refugiados como modo para sufragar el coste que supone su estancia en el país. Esta propuesta, iniciativa del gobierno del Partido Liberal (Venstre) -que salió de las urnas el pasado junio- con Lars Løkke Rasmussen en cabeza, es en realidad una de tantas para reducir la llegada de refugiados al país. ¿Cómo? Restringiendo las leyes de asilo y haciendo el país menos “atractivo” para los sirios, afganos o cualesquiera nacionalidades que huyen de sus países de origen.

Al Partido Liberal, de momento, el proyecto legislativo le ha costado un eurodiputado: Jens Rohde, quien recientemente anunció que se unía al Partido Social Liberal. Rohde desertó tras considerar que la propuesta se acercaba más al partido antiinmigración DF -a quien el gobierno en minoría necesita en el parlamento danés- que al suyo, partido de centro-derecha.

El proyecto de ley enviado por el ejecutivo al Parlamento contiene algunas propuestas que han pasado más desapercibidas que la de confiscar joyas, como la reducción del permiso de residencia (de 5 a 2 o 3 años según el tipo de asilo), posponer el derecho a la reunificación familiar (alargando el tiempo mínimo de espera para solicitar el derecho) o reintroducir cuotas de pago para solicitar la reunificación o el permiso de residencia permanente, por poner algunos ejemplos. El proyecto de ley no está aprobado todavía y se debatirá en el Parlamento en enero pero en noviembre se presentaron sus líneas maestras, muy bien explicadas en el último número de New Times (páginas 10 y 11), una publicación producida por solicitantes de asilo en Dinamarca.

Lo que se logró en Ginebra

Ante noticias como ésta es bueno recordar que Dinamarca fue uno de los países que el 28 de julio de 1951, tras tres semanas de disputas legales entre distintos delegados en Suiza, adoptó lo que hoy se conoce como la Carta Magna del derecho internacional del refugiado: la Convención de Ginebra. Éste instrumento se convirtió en un compromiso legal y además Dinamarca fue el primer país en ratificar el documento. En éste se establece que un refugiado es toda persona que (I) está fuera de su país de origen (II) tiene fundados temores de ser perseguido por motivos de su raza, religión, nacionalidad u opinión política y (III) no puede o, a causa de dichos temores no quiere, acogerse a la protección de ese país ni regresar a él.

La idea de este tratado, por resumirlo en breves líneas, es que cuando el país de origen deja de proteger los derechos básicos del refugiado, la comunidad internacional asume la responsabilidad de velar por el respeto a tales derechos. Así, cuando un país otorga asilo a un refugiado implica que se compromete a proporcionarle protección contra el retorno forzoso y a permitirle que permanezca en su territorio hasta que se encuentre una solución duradera a su problema.

Una de las medidas de reubicación propuestas por la Comisión Europea -y adoptadas por los estados miembros- hablaba de reubicar 160.000 refugiados en necesidad evidente de protección internacional. Hasta ahora solamente cerca de 160 de los 160.000 -sí, sólo 160- han sido reubicados. A pesar de la sensación de llegada masiva de refugiados a Europa, que en parte es indiscutible, es importante recordar que en proporción el número de personas que llegan a países de la Unión Europea es mucho más bajo que los que llegan a países como Jordania o el Líbano, más próximos de zonas de conflicto.

Cuando uno mira atrás se da cuenta de, al menos, dos cosas: de cómo muchos estados rehuyen de sus responsabilidades y compromisos firmados en el pasado y de cuán importante (y terrible) puede llegar a ser que gobierne un partido u otro así como el hecho que el discurso antiinmigración cale o no en una sociedad. Esperemos que todo quede en eso, una propuesta, y que Dinamarca y el resto de países de la llamada “comunidad internacional” se preocupen de cumplir con sus responsabilidades de protección para poder dar ejemplo.