Cuando cometemos el error de acostumbrarnos a los refugiados

Es un goteo incesante. Las noticias sobre los refugiados se han convertido en una lluvia fina que nos cala sin que nos demos cuenta. Como los asesinatos por violencia machista, las muertes a las puertas de Europa, de personas que huyen del horror y las salvajes medidas racistas de algunos países miembros de la Unión Europea, empiezan a pasar desapercibidas. ¿Qué nos está pasando? ¿Desde cuándo somos tan insensibles?

Niños sirios refugiados en la frontera entre Alemania y Austria / EFE

Niños sirios refugiados en la frontera entre Alemania y Austria / EFE

La ciudadanía puede irritarse, sentirse molesta por un Gobierno inhumano que no quiere acoger a las víctimas de la guerra. Pero de una manera o de otra el drama sigue sonándole lejano. España sólo ha acogido a 12 refugiados, 11 eritreos y un sirio, del acuerdo con el resto de sus socios europeos por el que iban a repartirse -como si de kilos de melocotones se tratara- a 120.000 personas. En total, 272 refugiados han sido reubicados. La cifra es una auténtica vergüenza, pero todavía más si tenemos en cuenta que representa el 10% de los refugiados llegados por mar en 2015 a las costas de nuestro continente. Que ese número no se cuele entre nuestros parámetros a la hora de elegir a quien nos gobierna en unas elecciones, dice muy poco de nosotros, pero para los políticos es una estupenda fuente de información: pueden hacer lo que quieran en política internacional, porque no les repercute electoralmente.

Hoy hemos sabido que 10.000 niños refugiados han desaparecido en el último año. La Europol, simplemente, les ha perdido la pista y sospecha que puedan estar siendo víctimas de las bandas que trafican con seres humanos. Además, en 2014, 23.150 niños solicitaron protección a la UE según la misma fuente, el doble que el año anterior. Si pensáramos en nuestros hijos, sobrinos, primos y hermanos y nos pusiéramos por un instante en su piel, seríamos capaces de exigir a nuestras instituciones que se pusieran en marcha. No puede ser que después de un año, la Europol se dé cuenta de que ha perdido a 10.000 críos y sospeche que puedan estar siendo esclavizados y/o explotados sexualmente, sin un plan concreto y una estrategia eficaz para combatir esta violación de los derechos humanos.

La realidad está lejos de sufrir un shock y despertarse. Además de la asquerosa iniciativa de Dinamarca de robar a los refugiados para “costear” su estancia, la organización Statewatch, especializada en la lucha por los derechos y libertades civiles en Europa, ha denunciado hoy que la UE negocia en secreto una normativa que terminaría de criminalizar a quien se atreve a ayudar a los refugiados, como ya hiciera Grecia con los voluntarios españoles que les asistían en Lesbos. Si se aprobara esa ley, ONG, voluntarios y cualquier persona que a título personal decidiera ayudar a los inmigrantes, tendría que estar registrado, según un documento del Consejo de la Unión Europea al que la organización ha tenido acceso. En ese documento desaparece la exención que protegía a las organizaciones humanitarias de ser acusadas de complicidad con las mafias de tráfico de personas, para más inri.

En este blog ya hemos contado nuestra experiencia con los refugiados afganos en Atenas y el 27 de febrero nos vamos a Croacia para visitar los campos de ese país y de Eslovenia, Serbia y Hungría. Con la intención de que viajéis, aunque sea a través de la pantalla, con nosotras, y consigamos trasladar a las instituciones que para la ciudadanía sí es imprescindible y determinante el trato humanitario a los refugiados. Que no nos hemos acostumbrado, que no son un titular, que no somos capaces de hacer oídos sordos y continuar como si nada. Que queremos que tomen decisiones como las toman Médicos sin Fronteras o ACNUR, sin pensar en las consecuencias electorales. Antes de que sea mucho más que demasiado tarde.