Los voluntarios con los refugiados le escriben a Europa: “por favor, actúa”

Campaña de los voluntarios / Europe Act

Campaña de los voluntarios / Europe Act

Eduardo Galeano decía que “mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”. Así es como deben de sentirse los cientos de voluntarios que cada día ponen su granito de arena en la ruta que miles de personas siguen para huir de la guerra en Siria, Iraq, Afganistán o Eritrea. O para huir de la ruina económica y el horror de la República Centroafricana o Somalia.

Pero la situación de emergencia no permite plantearse la lucha como un largo camino en el que caminar despacio; por eso los voluntarios han decidido escribir una carta abierta a las instituciones europeas, para intentar despertar al hermano mayor que hasta ahora sólo ha puesto trabas a la labor humanitaria.

El objetivo de la misiva es que los gobiernos europeos actúen “de forma inmediata y resuelta a fin de aliviar la situación actual” porque, advierten los voluntarios, su capacidad “está llegando al límite”. Con el invierno y el cierre caprichoso de las fronteras, los firmantes creen que puede haber problemas graves de salud e incluso muertes de los refugiados.

Pero los gobiernos de los Veintiocho están lejos de reaccionar, como relataba un reportaje de la versión internacional del Spiegel, en el que se ponía sobre la mesa la posibilidad de que el cierre de fronteras –especialmente la de Macedonia y Grecia- fuera una herramienta de presión al país heleno para que empiece a devolver a Turquía a los refugiados que no dejan de llegar a sus costas. Esas expulsiones serían ilegales, como lo son en el caso de Ceuta y Melilla, porque las peticiones de asilo han de resolverse caso por caso.

Ese cierre tendría, además, otra intención. Si Grecia sigue acogiendo a refugiados, centrar las discusiones en si se le aplican o no sanciones, desvía el debate del verdadero foco del problema, el incumplimiento de las cuotas. De los más de 800.000 refugiados que llegaron a Europa en 2015, la UE acordó repartirse a 66.400. Si la cifra de por sí ya es vergonzosa, lo es más el reparto efectivo: hasta ahora sólo se han recolocado 305, de los que 12 han venido a España y 157, más de la mitad, a Alemania. Pero la cifra del reparto sigue siendo ridícula frente a la realidad, porque sólo en enero 67.000 personas han llegado a las islas griegas.

“Si Europa no es capaz de proporcionar vías seguras y legales para facilitar este derecho, está obligada a ayudar a quienes emprendieron un camino tan peligroso”, afirman tajantes los voluntarios. La inexistencia de vías legales para llegar al continente aboca a los migrantes a una situación desesperada que la UE tampoco parece dispuesta a afrontar y regular. En previsión de la catástrofe, quienes les ayudan dicen: “no queremos ver ni a un solo refugiado morir mientras espera en las colas infinitas de las fronteras europeas, literalmente en nuestras propias manos.”

Las ONG están reemplazando a los Estados en la ruta de los Balcanes, proporcionando a los refugiados desde comida y agua hasta zapatos. Su labor llega a sustituir la de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, que tiene sólo recursos para atender a los más vulnerables. Y temen que sus manos nos sean suficientes para mantener el calor durante el frío invierno.

Las peticiones en el corto plazo se centran en ayuda para los países afectados, “en vez de a los que levantan fronteras”, centros seguros de acogida y tránsito y ayuda humanitaria. En el largo, que se pongan de una vez en marcha los mecanismos necesarios para la llegada segura de quienes buscan asilo. La carta, desgarradora, termina con una invitación a la ciudadanía a preguntar a sus representantes : “¿qué vais a hacer para evitar el sufrimiento y la muerte de los refugiados?” Y a insistir hasta que la respuesta sea suficiente.


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