Cuando la historia se repite

Una fotografía que se puede ver en la exposición de los nazis, encabezados por Adolph Hitler, en la París ocupada / Núria Segura Insa

Una fotografía que se puede ver en la exposición de los nazis, encabezados por Adolph Hitler, en la París ocupada / Núria Segura Insa

Estos días, y hasta el 5 de marzo, El Masnou acoge en el museo de la Náutica la exposición Huyendo del Holocausto, Cataluña y los refugiados judíos de la Segunda Guerra Mundial, cooproducida por el Museo de História de Cataluña y la Oficina de Patrimonio Cultural de la Diputación de Barcelona. En ella, a través de la historia de siete familias de judíos, se relata la suerte que corrieron estas personas que cruzaban los Pirineos por tren, pero también a pie para no penetrar por las fronteras oficiales.

Esta exposición es una de las actividades realizadas por estas entidades para conmemorar el setenta aniversario del cierre de los campos de concentración y exterminio nazis. El 27 de enero, precisamente, hizo 71 años que se liberó a miles de presos Auschwitz, uno de los principales campos de exterminio. Se calcula que por las grises paredes de este campo pasaron 1,3 millones de personas, de los cuales 1,1 fueron asesinados.

A finales de enero, se celebró otra efeméride. Hace setenta años, el 28 y 29 de 1946, Francesc Boix presentó en el proceso de Nurember sus fotografías que captaron el horror más inhumano que se vivió en el campo de Mauthasen. Boix, el único testimonio español en el juicio contra los dirigentes nazis, luchó en el ejército republicano y acabó de reo en el campo de Mathausen, donde trabajó en el departamento fotográfico de la policía nazi. Una vez en libertad, sus fotografías sirvieron para detectar a los líderes del nazismo.

Adentrándome en la exposición, no puede evitar hacer paralelismo con la situación actual de los refugiados sirios, afganos o iraquíes u otras nacionalidades. Como en ese entonces los judíos, ambos huyen de la barbarie y de la crueldad humana: de la máquina del terror nazi a las brutalidades del Estado Islámico o de interminables guerras.

Los judíos se jugaron la vida para cruzar buena parte de una Europa rendida a los pies del nazismo, desde Polonia a Francia. En su travesía, se debían de esconder y hacer caminos no oficiales, peligrosos, entre las montañas y el frío para buscar un sitio donde poder vivir en paz. Hoy en día, los refugiados ponen su vida en riesgo para cruzar el mar, sortear el conflicto para llegar a Europa.

Una buena parte de los judíos que huían eran personas de clase media, que habían estudiado o que tenían buenos trabajos en sus países como pasa actualmente con los refugiados sirios, que son personas preparadas. No hace falta más que recordar el entrenador de fútbol que fue pateado por una periodista húngara y que ahora trabaja en las filas del Getafe.

Muchas de estas historias de los refugiados judíos tuvieron finales trágicos. Tal vez el caso más conocido es del filósofo Walter Benjamin que se suicidó en Portbou por el temor que le deportaran y volver a vivir en sus carnes, otra vez, los horrores de un campo nazi.

Sin embargo, otras personas corrieron una mejor suerte como Françoise Bielinsky y su familia. Sus padres eran polacos, pero se conocieron en Alemania donde tuvieron su primer hijo. Con el ascenso de los nazis, en 1933 huyeron a París , donde montaron un taller de confección y nació Françoise. Finalmente, con la ocupación alemana de Francia decidieron huir a España donde entraron por la Vall de Aran, en los Pirineos catalanes. En el pueblo de Lés fueron detenidos e iban a ser deportados, pero gracias a la presión de los vecinos que ejercieron sobre las autoridades evitaron su trágico final. La familia emigró a Venezuela.

Un mapa con las principales rutas de los judíos que entraban en Cataluña / Núria Segura Insa

Un mapa con las principales rutas de los judíos que entraban en Cataluña / Núria Segura Insa

Muchas familias de los Pirineos acogieron y escondieron en sus casas a los refugiados, algo que estaba penando por la España franquista. Y en el caso de los refugiados sirios la ayuda de la población local en los sitios donde llegan es clave. Hemos visto el pueblo griego e italiano volcados ayudando a estas personas que se juegan la vida en el mar, pero también personas de toda Europa que acuden a estas regiones para ofrecerles su ayuda.

La policía costera de Grecia detuvo este enero a tres bomberos sevillanos por tráfico ilegal de personas. Su único delito, salvar las vidas de refugiados que iban a naufragar en las costas griegas. De momento, han sido puestos en libertad, pero están pendientes de un juicio en Grecia. ¿Nos estarán avisando las autoridades de que no debemos ayudar a los que huyen del horror?

En el caso de la España franquista, cuando cogían un judío tenía dos opciones o lo encerraban en un campo de trabajo en suelo español o lo deportaban hacia su país de origen, a una muerte de segura. Así, que España fue un fiel colaborador de la máquina nazi de exterminar personas. Esto lo deben de recordar muy bien nuestros gobiernos. Si, eso gobiernos que deportan sirios, afganos, iraquíes, eritreos, somalíes y un sin fin de nacionalidades que provienen de zonas en conflicto y los envían hacia un escenario de muerte y horror. Que lo recuerden bien, porque ellos están colaborando en esta máquina de destruir personas, como lo hicieron las autoridades franquistas en su momento.

Dicen que la memoria histórica es importante para no cometer los mismos errores del pasado. Sin embargo, parece que el ser humano, aún conociendo la historia, se tropieza una y otra vez con su rostro más cruel. Recomiendo firmemente que visitéis la exposición del Masnou, es itinerante y recorrerá otros sitios de Cataluña. Estoy segura que os dará mucho que pensar.