¿Por qué llevan velo?

La instagramer somalí @Ugaasadda cuenta con miles de seguidores por sus fotos luciendo su hiyab / Instagram

La instagramer somalí @Ugaasadda cuenta con miles de seguidores por sus fotos luciendo su hiyab / Instagram

El velo islámico, o hiyab, nunca había llenado tantos titulares como en los últimos tiempos. Las revueltas árabes, la guerra de Siria y la consecuente crisis de los refugiados que huyen a Europa del horror de la guerra ha reavivado y extendido un debate que señala los símbolos de la cultura islámica en un intento de dar una explicación a lo desconocido. Muchas mujeres islámicas llevan velo, pero conviene saber que no todas lo hacen motivadas por las mismas circunstancias. Y también, por qué no, mirar los símiles en nuestra cultura que probablemente se nos hayan pasado por alto. Estas son algunas razones para explicar el uso del velo.

Lo llevan porque se lo imponen
Este razonamiento está muy extendido en los países occidentales como resultado del choque cultural que produce el velo islámico. Sin embargo, todavía hay mucha gente que no establece la diferencia entre el hiyab y otras indumentarias islámicas como el niqab o el burka. Y es que estos últimos, los que menos se ven en Europa y Norteamérica (en comparación con el Magreb y Oriente Medio), conllevan que el rostro y el cuerpo de las mujeres queden tapados por completo (o casi), y en este caso sí hay muchas mujeres obligadas a vestirlos por imposición conyugal y/o familiar. Otras, aunque nos pueda parecer imposible, lo eligen.

Sí, existe una relación entre el extremismo religioso y la proliferación del burka y el niqab. Tanto con los talibanes en Afganistán como con Estado Islámico en Irak y Siria, mujeres y niñas se tapan de arriba abajo si no por obligación, por miedo. Como también es innegable que algunas reconocen llevarlo como una opción personal, tal como salió publicado en varios medios, algo que también ocurre en España. Por muchas vueltas que le demos a este asunto, y aún dando por hecho que visten el burka o el niqab porque “les han comido la cabeza” en sus países de origen, es importante hacer un ejercicio de autocrítica y reconocer que si sabemos tan poco acerca de sus motivos para vestirlo es porque existe una enorme falta de diálogo con las mujeres musulmanas. Con ellas. No con sus maridos ni con sus abuelos ni con sus cuñados ni con sus padres. Tanto en la calle como en las instituciones europeas e internacionales.

En el caso del hiyab, menos controvertido, es muy frecuente que las mujeres empiecen a ponérselo al llegar a la adolescencia como muestra de que se han hecho mayores, del mismo modo que en Occidente las chicas empiezan a maquillarse y a vestir ropa adulta. Y también hay casos en que la elección personal responde más a satisfacer una preferencia familiar que a una elección personal, algo que es fácil de entender si tenemos en cuenta que mucha gente en todas partes del mundo reconoce vestirse en ocasiones de determinada manera para contentar a sus padres o a sus abuelos.

En el extremo opuesto, tras el 11M muchas mujeres musulmanas se vieron obligadas a dejar de usar el pañuelo, para muchas su prenda insignia, al ser maltratadas verbal y/o físicamente por, supuestamente, apoyar el terrorismo. Esto se ve reflejado perfectamente en películas como Mi nombre es Khan, cuando la cuñada musulmana del protagonista y profesora universitaria en San Francisco, decide quitarse el velo después de sufrir una agresión física (minuto 0:44).

Lo llevan por elección propia
En otras palabras: lo llevan porque quieren. Lo hacen porque lo entienden como un elemento más de su cultura, como lo es en Occidente llevar un fulard o un colgante con una cruz de oro. El hiyab, más allá de su significado cultural, es una prenda de moda. Lo saben las multinacionales y las firmas de mayor prestigio a nivel mundial, aunque muchas nunca se hayan atrevido a lanzar una línea de prendas para mujeres islámicas. Dolce&Gabbana lo hizo, lo que suscitó una enorme polémica en las redes sociales, pero el éxito que obtuvieron hizo que valiera la pena.

La instagramer somalí Ugaaso A. Boocow se hizo famosa en las redes sociales al demostrar que el hiyab no sólo no es incompatible con la moda, sino un complemento adaptado a las últimas tendencias. Otra joven artista de Malasia se hizo viral recientemente por sus fotos disfrazada de personajes de Disney sacando partido de su pañuelo.

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La moda islámica tiene también sus curiosidades. Entre las musulmanas, eso sí, de mayor poder adquisitivo, basta con darse una vuelta por Harrods, en Londres, o por cualquier centro comercial de Dubai o Abu Dhabi para ver unos Manolo Blaknik bailando con los bajos de sus túnicas o varios gramos de joyas de oro asomando bajo las mangas o sonando sobre su pecho. Sorprende ver cómo tapan y al mismo tiempo dejan intuir sus complementos, sin duda caros y de diseño. Es mejor insinuar que enseñar, o al menos eso dicen.

Lo llevan para remarcar su identidad
En relación con el punto anterior, varios estudios recientes han revelado que muchas mujeres islámicas, incluso aquellas que en sus países de origen probablemente no usaban el hiyab, comenzaron a usarlo en Estados Unidos y Europa. Por voluntad propia, pero yendo un paso más allá: demostrar que no hay nada de malo en llevarlo. Una de las estudiosas más destacadas de este tema es la feminista islámica Leila Ahmed, quien también explica cómo muchas musulmanas comenzaron a ponerse el velo en sus países de origen en el pasado como respuesta a la colonización europea que lo consideraba un atraso.

Este planteamiento es el que menos ha aparecido en los medios de comunicación occidentales, en muchos casos porque seguramente ha sido pasado por alto bajo la creencia de que “es normal que lo lleven, son musulmanas”. Pero ni tan normal. En todos los países islámicos, incluso en aquellos donde es más frecuente que las mujeres se cubran el pelo o el rostro, algunas optan por no llevar el velo y no le encuentran un sentido hasta que llegan a un país occidental. Como afirmó la politóloga iraní Nazanín Armanian el año pasado en Palma de Mallorca, “el 95% de las musulmanas no lleva velo“.

Hiyabs y minifaldas
El debate sobre lo que las mujeres llevamos puesto está en la sociedad, en todas las que existen en el mundo porque, si hay algo que todas tenemos en común y que lo impregna todo en nuestras vidas, es la cultura del patriarcado. Y es que por mucho que ejerzamos nuestro derecho a decidir libremente cómo somos, cómo actuamos y cómo nos vestimos, siempre somos juzgadas por personas, personalidades e instituciones a las que no hemos pedido opinión.

Cuando pensemos en si el burka se inventó para que los hombres pudieran esconder a las mujeres que consideran suyas, como una mera mercancía y propiedad privada, pensemos también si la primera minifalda en la portada de una revista se impulsó para sexualizar y cosificar a las mujeres. No se trata de desviar la atención, sino de adquirir una visión global de un mismo problema.

Llevemos un velo, una túnica, un top o una minifalda nunca estamos lo suficientemente perfectas para todo el mundo, ese mundo que cree que su opinión sobre nosotras cuenta por encima de la nuestra. El mismo que consigue que nos sintamos avergonzadas, que nos ataquemos mutuamente y que se molesta cuando tomamos las riendas de nuestra vida. El mismo que incluye en la academia de la lengua la palabra almóndiga antes que sororidad. ¿Por qué llevan velo?, preguntamos. Preguntémoselo a ellas. Quizás sea el primer paso para que, algún día, todas, en todas las partes del mundo, sobre el velo o sobre cualquier otra prenda, contestemos con seguridad: “Porque me da la gana”.