Bruxelles, ma belle

Hoy el día es soleado, parece un buen día. A través de mi hermano me entero de que ha habido una explosión en el aeropuerto de Bruselas. Voy rápido a preguntar a mis compañeros de piso, quienes tampoco sabían nada. Hay confusión; autoridades y medios de comunicación no especifican las causas pero aún nadie quiere mencionar terrorismo. Demasiado se ha temido como para que parezca real.

Son las 9, voy tarde, así que bajo corriendo a coger el metro en Porte de Hal. Sigo enganchada al móvil. Al cabo de una parada el metro da un frenazo, y el corazón da un salto. Qué estúpido. Estúpido miedo. Llego al trabajo, y sigo sin encontrar información concreta sobre lo sucedido en el aeropuerto.

Explosión en Maelbeek. Se multiplican las llamadas, mensajes y whatsapps. Cada día a esta hora pasan amigos y conocidos por esa estación de metro, situada muy cerca de la Comisión Europea. Todo el mundo está bien pero tantas son las historias sobre 5 minutos antes, o 5 minutos después. Minutos y casualidades. 30 personas no han tenido esos minutos.

Empiezan a sonar las sirenas. Y los teléfonos. Los familiares de los extranjeros que vivimos en Bruselas están más alterados que los que estamos aquí en la oficina. Como digo, aquí solo sirenas. Solo confusión. El día sigue, enviamos algunos emails y se realizan reuniones de trabajo, como si la rutina se negara a dejarnos por un día.

Sigue el sonido de sirenas y helicópteros en las calles y cielo de Bruselas.

Bruxelles, ma belle. Se ha hablado mucho de ti. Se te ha llamado capital del yihadismo. Pero tú eres más que esos individuos. Bruxelles, reste belle. Continúa surrealista. Mantente multilingüe. Reivindica tu multiculturalidad.

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Reflexión de Susanna Arús