Diario de una refugiada: Alemania, el sueño imposible

Refugiados en Múnich el pasado verano / Sven Hoppe (EFE)

Refugiados en Múnich el pasado verano / Sven Hoppe (EFE)

No hay vallas lo suficientemente altas que paren la desesperación humana. No hay suficientes policías para detener a quienes huyen de la guerra. Ni acuerdos entre los líderes del mundo que consiguen blindar las fronteras. Hanasay y su familia, refugiados kurdos iraquíes de los que os hemos relatado su lucha por huir de la guerra aquí, llegaron ayer a Alemania. Pero el camino no ha sido nada, nada fácil.

En la última entrada de este Diario de una refugiada kurda iraquí, Hanasay y su familia habían conseguido coger un tren en Austria para cruzar a Alemania el pasado sábado. No sabíamos si lo habían conseguido. Y no, aquella vez no tuvieron éxito.

Se quedaron en Salzburgo, cerca de la frontera, un par de días. Ante la imposibilidad de cruzar a Alemania en tren, necesitaban un taxi. Pero Hanasay no habla alemán y su inglés es básico. Maria Gobern, periodista de este blog que viven en Viena y domina el alemán, entró en juego para ayudar a la familia a conseguir un taxi que el pasado domingo les llevara desde Salzburgo hasta el otro lado de la frontera germana. “No importa el dinero”, añadió Hanasay.

Un taxi llegó hasta el hotel gracias a la intervención de Maria, pero tampoco pudieron cruzar la frontera porque cientos de policías austriaco y alemanes la vigilan para impedir el paso de cualquier migrante, venga de donde venga. Así llegaron a Innsbruck, desde donde volvieron a solicitar la ayuda de Maria para que otro taxi les llevara hasta Múnich. Y de nuevo fue imposible. Se plantearon entonces renunciar a su sueño y pedir asilo en Austria. Cuando le comentamos que lo mejor era hablar con ACNUR, la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados, su respuesta fue : “pero, ¿dónde están?”. Con el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, la ruta establecida en los Balcanes ha saltado por los aires y los refugiados intentan seguir su camino como pueden. Con esa descentralización, el trabajo de las ONG se complica porque es más difícil estar en todas partes.

Entonces, en medio de la desesperación, la familia trazó el plan más delicado: que un taxi les llevara por la noche cerca de la frontera y cruzarla a pie. Esa misma noche, la del domingo, Hanasay me llamó por teléfono: “quiero llamarte, es importante”. Necesitaban que Maria le explicara al taxista el plan y les tradujera la negociación del precio. Como contábamos en el último capítulo, los taxistas están haciendo el agosto con los trayectos en los que llevan a refugiados, aprovechándose de su situación. Casi todos los teléfonos les contestaban que cogieran un taxi en la estación, pero no había casi ninguno que aceptara llevar a 5 personas y un bebé. El único taxi que Maria consiguió capacitado para llevar a 5 personas por teléfono nunca apareció; muchos taxistas ven la situación y se marchan porque no quieren hacer ese trabajo.

La noche se complicó. Hanasay y su familia no estaban dispuestos a separarse en dos taxis ante lo arriesgado de cruzar una frontera plagada de concertinas, de noche, con una bebé, otro hermano menor y con la enorme presencia policial. Decidieron esperar y volver a intentar a las 6 de la mañana. Volvimos a coordinar las llamada a las compañías de taxi y Maria, que finalmente consiguió que un taxista les acercara, tuvo que traducir que el conductor les iba a cobrar 170€ por un recorrido de 11 kilómetros. Y a pesar de todo, tampoco lo lograron esa mañana. A las 10 del lunes, Hanasay nos contactó para decirnos que habían vuelto a la estación “porque había mucha policía”.

La última opción era intentarlo de nuevo en tren. Y fue la definitiva. Hanasay y su familia consiguieron llegar ayer a Regensburg. Y aunque los problemas no han terminado, porque la integración en el país será el próximo reto, sus vidas están a partir de ayer, a salvo. Ni todo el oro del mundo conseguiría pagar la sensación de felicidad que nos invadió a todas ayer. Ojalá todas aquellas personas que huyen de la guerra, consigan también su sueño. Ojalá los políticos se dieran cuenta de que por más que taponen las vías, no terminarán con la esperanza de miles de personas.

Porque sí se puede y porque es mejor con amigas, un gracias infinito a Maria Gobern, que tiene un corazón que no le cabe. Y a todos los que leéis y apoyáis este blog. Sin vosotros, no sería posible.