Desalojo de Idomeni: ¿quién vela por el respeto a los derechos humanos?

Desalojo de Idomeni / MSF

Desalojo de Idomeni / MSF

El drama de los refugiados, lejos de mejorar, empeora cada día. Mientras en Barcelona, el barrio de Gràcia protesta ante el desalojo del Banc Expropiat, un centro okupado que había acogido desde 2011 las actividades de diversos movimientos sociales y asociaciones y los medios no dejan de cubrirlo, el desalojo del campo de refugiados de Idomeni, en la frontera griega con Macedonia, se ha llevado a cabo sin mayor escándalo. Diversas organizaciones, entre ellas Médicos Sin Fronteras (MSF), han denunciado el desplazamiento forzoso de los más de 8.400 refugiados que se encontraban allí.

Entre las muchas negligencias, una de las peores habría sido la falta de información sobre los destinos; aunque el traslado se hacía a campos “oficiales” como los de Sindos y Derveni, la mayoría de personas lo desconocían. Después de semanas e incluso meses en el vacío legal del asentamiento de Idomeni, cualquier intervención de las fuerzas de seguridad no hace sino elevar la tensión y el estrés entre los refugiados. “Los residentes de Idomeni no están siendo informados de dónde van y esto resulta inaceptable. Deben tener la capacidad de tomar decisiones y para ello deben recibir información precisa”, exigía Michele Telaro, coordinador de MSF en Idomeni.

Desalojo de Idomeni / MSF

Desalojo de Idomeni / MSF

El pasado febrero, en Croacia, conocí a Joud Munawar, un refugiado sirio que escapó del país en 2013 y ha dirigido su carrera hacia la atención psicológica y en ese momento estaba trabajando en el campo de Slavonski Brod. Junto al cansancio físico, con personas que llegaban verdaderamente exhaustas desde Serbia, Munawar consideraba que el factor que más influía en la desesperación de las familias era que nadie les dijera dónde estaban, hacia dónde se dirigían o cuándo serían trasladadas de nuevo. Tampoco podían influir en la situación, porque se limitaban a ser llevados por la autoridades de un país a otro. La arbitrariedad con la que se rechazaba a muchos de ellos estaba afectando a su salud mental (eso sin contar que además se trata de gente huyendo de situaciones de conflicto que lo ha perdido todo).

En el desalojo de Idomeni, MSF también acusa a las autoridades griegas de haber impuesto restricciones a la ayuda humanitaria. Los refugiados que vivían en el campo ya lo hacían en condiciones que rozan la crueldad: “la alternativa a lo inhumano no debería ser lo desconocido y lo incierto”, resumía Telaro. Los equipos de MSF afirman haber presenciado crisis de ansiedad entre muchos de sus pacientes, que se veían obligados a abandonar el campo sin información clara sobre su destino. Si cualquier persona necesita tener información sobre su vida, imaginemos como deber ser para quienes, además de huir de la guerra y llevar dos meses viviendo por debajo del umbral que marca la dignidad, padecen una enfermedad crónica como diabetes o epilepsia con la necesidad de un tratamiento continuo. ¿Corren el riesgo de su interrupción? ¿recibirán la medicación que necesitan en el centro de destino?

Uno de los autobuses que llevó a cabo el desalojo de Idomeni, con el nombre "Crazy Holidays" / MSF

Uno de los autobuses que llevó a cabo el desalojo de Idomeni, con el nombre “Crazy Holidays” / MSF

En semejante escenario, se suma más inseguridad jurídica. Quienes abandonaban el campo el pasado martes no podían regresar, así que si necesitaban ir al hospital corrían el riesgo de ser separados de sus familias, lo poco que les queda. Tampoco podían ser atendidos allí, ya que desde el inicio del desalojo el 24 de mayo, el acceso al campo tanto para MSF como para otras ONG se ha reducido considerablemente. En un territorio olvidado por los organismos oficiales, sin las ONG, ¿cómo se pueden garantizar el saneamiento y la distribución de alimentos?

Hacen falta más ojos que vigilen a esta Unión Europea. Y ya que ella se ha demostrado incapaz, que deje a quienes sí tienen humanidad, ejercerla.