De un presidente afrodescendiente a uno xenófobo

Trump, nuevo presidente de los Estados Unidos / Notimex,Omar Vega

Trump, nuevo presidente de los Estados Unidos / Notimex,Omar Vega

Si algo han demostrado las elecciones de Estados Unidos es que es un país bipolarizado, que es capaz de pasar del primer presidente afrodescendiente a uno xenófobo. ¿Pero qué ha llevado a la victoria de Donald Trump y, además, de una manera holgada?

El magnate neoyorquino ha utilizado un discurso que ha sabido llegar a una clase trabajadora, golpeada por la crisis y la deslocalización de las empresas. Una clase que se siente alejada del poder central, que tiene la sensación de que sus reclamos no son escuchados en la Casa Blanca.

Por eso, en su último discurso de campaña, Trump resaltó que si ganaba iba a “asaltar el establishment corrupto de Washington”, una imagen que encarnaba su rival en la contienda política, Hillary Clinton, exprimera dama de Estados Unidos.

Si Obama en su momento fue la viva imagen del sueño americano, de un afrodescendiente que llegó a ser presidente de Estados Unidos y ganó a un estancado partido republicano. Ahora esta idea, a su manera, la representa Donald Trump, un hombre que viene del seno de una familia humilde y consiguió convertirse en uno de los hombres más ricos del país. Aunque con una figura y un discurso contrapuesto, Obama y Trump han sido vistos como los agentes del cambio que necesita Estados Unidos.

A lo largo de su carrera política, Trump no solo ha tenido que batallar contra Clinton, sino con buena parte del partido republicano que cuando ganó las primarias se desentendió de él por sus declaraciones racistas. Este octubre, apareció a la luz un vídeo de Trump con comentarios misóginos que hizo que los pocos simpatizantes que le quedaban dentro del partido también se distanciarian de él.

Visto desde los ojos de los estadounidenses, Trump ha batallado contra todo el establishment tanto dentro como fuera de su partido. De hecho, en su discurso de victoria de hoy definió su apoyo como “un movimiento” político y obvió hablar del partido republicano.

“Mi padre es lo opuesto a lo políticamente correcto”, dijo Ivanka Trump, en medio de la campaña y antes que su progenitor subiera al atril. Y, precisamente, este políticamente incorrecto es lo que ha alejado a Trump de la clase política, que le ha dado la espalda, pero le ha acercado a las masas sociales que lo ven como un “hombre sincero”.

Discurso contra la migración

A lo largo de la campaña, Trump ha utilizado un discurso xenófobo contra los inmigrantes latinos a quienes ha calificado como violadores o criminales. “Traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos son buenas personas”, llegó a decir Trump en junio del 2015.

Un año después de este discurso contra los latinos, Trump hizo otra de sus controvertidas promesas: suspender la inmigración de países con historia de terrorismo.

Estos discursos claramente xenófobos iban acompañados de un mensaje para reforzar la seguridad tanto en las fronteras, construyendo un muro con México, como dentro del país, y también combatiendo con mano duro el terrorismo. Unas propuestas que han calado entre las clases populares.

Pese a ello, y consciente de la fragmentación social, Trump hizo un discurso conciliador después de saber que sería el próximo presidente de Estados Unidos y muy alejado de las radicales palabras de toda la campaña. “EEUU se tiene que recuperar de la división. Es el momento que republicanos y demócratas nos unamos. Me comprometo a ser el presidente de todos los americanos”, son las palabras con las que Trump inició su discurso.

A continuación prosiguió: “lo nuestro no fue una campaña sino un movimiento hecho por millones de hombres y mujeres. Un movimiento que incluye a todos los americanos independientemente de sus razas, religiones y creencias”.

El factor económico

Pese a que la economía de Estados Unidos empieza a recuperarse de la crisis económica, lo hace a un ritmo lento. En el tercer trimestre de este año subió un 0,7% del PIB y en 2015 creció 2,6% respecto el año anterior. Aún así, el país norteamericano sigue siendo uno de los más desiguales del planeta con cerca de 50 millones de pobres, a los que seguramente también han llegado las promesas de trabajo de Trump.

A lo largo de la campaña, el republicano se ha comprometido a generar empleo y potenciar el proteccionismo económico, por lo que anunció que revisará los acuerdos comerciales como el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) que están negociando Washington y Bruselas.

También arremetió contra la deslocalización de empresas que ha conllevado los tratados suscritos hasta ahora como Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), que ha hecho que muchas empresas estadounidenses se hayan ido a fabricar a México. Esto ha generado que ahora en Estados Unidos existan ciudades fantasmas como Detroit, que vivía de la industria del motor y en la que muchas personas se quedaron sin empleo cuando las fábricas se trasladaron al país vecino.

En este sentido, a lo largo de la campaña, subrayó que luchará para que las empresas estadounidenses vuelvan a fabricar en este país. “Si puedo hacer que un coche se fabrique aquí, mejor que en China” o “obligaremos a Apple a fabricar sus malditos ordenadores en Estados Unidos”, son algunas de las frases utilizadas por Trump para defender esta idea.

Tras conocerse su victoria, el republicano sorprendió con el anuncio de otro de sus métodos para generar empleo: reconstruir las infraestructuras de las ciudades, crear carreteras, autopistas, etc. Una especie de New Deal aplicado en el siglo XXI.

Franklin D. Roosvelt, tras el crack de 29, apostó para que el estado potenciara la creación de infraestructura civil para generar empleo y que el país volviera a crecer. Ahora Trump parece que sigue los pasos de este demócrata y tiene la misma filosofía para levantar el país azotado por la crisis del 2008.

El presidente electo recordó que viene del mundo de los negocios y que lo que ha aprendido en este campo lo quiere aplicar ahora en su país. “Esto es lo que quiero hacer en mi país, explotar su potencial, una cosa preciosa donde cada americano podrá explotar su potencial”, aseveró hoy Trump al mismo tiempo que se acercó a las clases marginales: “las personas olvidadas del país ya no estarán olvidadas”.

En el plano internacional

En el caso de su política exterior, Trump ha sido claro hoy: los intereses de Estados Unidos, primero. Asimismo, ha asegurado que van a tratar “con equidad” todos los pueblos y que no quieren ser un país de conflicto, sino de asociación.

Uno de los pilares de su campaña ha sido su promesa de que combatirá el terrorismo, frente la imagen de un Obama que no ha sido capaz de acabar con la amenaza de los yihadistas. Aún así, de momento, no ha desvelado cuáles serán sus líneas a seguir. En este campo, una de las incógnitas que se abren ahora es qué papel va a jugar Washington en Siria, donde la administración actual no ha querido entrar en terreno.

Entre los hitos del gobierno de Obama destacan sellar un acuerdo con Cuba y otro con Irán para el desarrollo de su energía nuclear. Durante la campaña, Trump anunció que si ganaba rompería las relaciones diplomáticas con la isla caribeña y también el acuerdo con el país persa. Ahora está por ver si se concretan estos pasos y cómo.

Lo que sí podría mejorar es el entendimiento con Rusia, ya que tanto Trump como el presidente ruso, Vladimir Putin, han profesado una admiración y simpatía mutua.

Otra de las dudas es como quedan las relaciones entre Washington y Bruselas. Trump no solo se ha comprometido a revisar el TIPP, sino también la cuota que paga Estados Unidos en la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN). La Casa Blanca es quien financia principalmente esta asociación militar, y ahora, el presidente electo considera que son los europeos quienes tiene que pagar su propia seguridad.

Primera incógnita

Pero el primer misterio se mueve dentro del plano nacional. El partido republicano ha dado la espalda a Trump, que hoy ha recordado que llegó al poder gracias a su movimiento y el esfuerzo de muchas personas, desvinculándose, de este modo, del partido.

Y de ahí la primera gran incógnita, con prácticamente todo el partido en contra, ¿quién va acompañar a Trump en el ejecutivo? Algunos expertos apuestan que el nuevo ejecutivo podría estar formado por varios independientes.