¿Qué supone la victoria de Trump para Oriente Medio?

Donald Trump en un mítin durante las primarias republicanas el pasado mes de abril / Justin Lane (EFE)

Donald Trump en un mítin durante las primarias republicanas el pasado mes de abril / Justin Lane (EFE)

“Prohibiremos la entrada de musulmanes en nuestro país” fue una de las frases destacadas de Trump durante la campaña electoral en Estados Unidos. Con semejante carta de presentación, si una zona del mundo recibe con precaución el resultado de los comicios esa es Oriente Medio y el resto del mundo árabe y musulmán. Desde la guerra de Siria a la situación de Israel, después de una etapa en la que la presidencia de Obama “se olvidó” -porque aunque no haya sido decisivo, la ayuda militar a Israel bajo su mandado ha batido el récord– de esta parte del mundo, se abre un nuevo futuro.

La guerra de Siria empezó al final del primer mandato de Obama y ha sufrido los vaivenes de sus decisiones. Una zona de exclusión aérea que nunca llegó y las promesas incumplidas de armar a grupos opositores que se han topado con un mucho más firme apoyo del presidente ruso, Vladimir Putin, al gobierno del dictador Bachar Al Asad. Con la decidida ayuda de Rusia e Irán, el dictador ha conseguido darle la vuelta a una guerra que parecía coser y cantar para la oposición a finales de 2012. Pero 4 años después, con el Daesh expandiéndose en la zona y la victoria de Trump, simpatizante de Putin, los grupos contrarios a Al Asad necesitan sólo el golpe de gracia. Después de 8 años intentando alejarse del legado de Bush, el resultado es una guerra enquistada y una democracia lejos de nacer.

Más allá de limitar las entradas o salidas al país de diversas personas por sus creencias religiosas, el presidente electo no parece tener mucha más idea de lo que ocurre en Oriente Medio. En 2013, hablaba de los opositores sirios como “los mismos que quieren estrellar aviones contra nuestros edificios”. Respaldando con estas opiniones la estrategia de de Putin, la guerra podría acabar pronto con Al Asad victorioso.

Quien también podrá salir triunfante será el dictador de Egipto, Abdelfateh al Sisi, el primer líder árabe en felicitar a Trump. Desde el golpe de Estado de 2013, el general no ha hecho más que aplastar a la disidencia de su país escudándose en la seguridad y la persecución del terrorismo yihadista. El poco tiempo que tardó en darle la enhorabuena es una buena medida para saber lo respaldadas que seguirán sus estrategias. Puede hacerse extensiva esta situación al resto de líderes autoritarios de la región, desde la Libia de los señores de la guerra hasta la Turquía represiva de Recep Tayyip Erdogan.

Un último dato preocupante en cuanto a recrudecimiento de la situación se refiere es la política exterior que pretende Trump en el conflicto árabe-israelí. El nuevo presidente ha manifestado que trasladaría la embajada estadounidense de Tel Aviv, capital financiera, a Jerusalén, en disputa directa con los palestinos. Ese movimiento supondría reconocer Jerusalén como capital del Estado israelí y por tanto, no de los árabes. El republicano también defiende la negociación entre los dos bandos sin injerencias internacionales, lo que conllevaría el aislamiento de los palestinos que no pueden contar con el apoyo neutral de otros países.

De momento todo son especulaciones, pero los mensajes simplistas de Trump no dibujan un futuro brillante.