Putin se va a comer el mundo

Foto: Kremlin (Flickr Commons)

Mientras el mundo entero pone los ojos en Siria, Francia o Estados Unidos, hay alguien que se frota las manos en un segundo plano. De momento. El presidente ruso Vladimir Putin observa con regocijo cómo los polos estratégicos que rigen el mundo se posicionan a su favor. Un ejemplo reciente es el triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, un presidente electo que se ha declarado admirador del dirigente ruso y favorable a estrechar relaciones con el Kremlin. Pero hay más, mucho más viento que sopla a favor de Putin. Francia es otro país donde con toda probabilidad se producirá un vuelco político en 2017. Todo apunta a que en las elecciones galas serán el derechista François Fillon y la nacionalista xenófoba Marine Le Pen quienes se verán las caras en la segunda vuelta. Gane quien gane, ambos candidatos son afines a activar relaciones con Putin. Y si la futura presidenta fuera Le Pen, mejor para el ruso, ya que la líder del Frente Nacional francés es partidaria de convocar un referéndum en su país para salir de la Unión Europea.

En el mismo sentido, el sí al Brexit resultante del referéndum en el Reino Unido es otra buena noticia para el presidente de Rusia. Porque todo lo que signifique restar poder a la UE es beneficioso para Moscú. Y mejor aún si a esto le sumamos un probable cambio en los acuerdos comerciales en los que, hasta ahora, estaban Estados Unidos, Francia o el Reino Unido.

Hablando de acuerdos comerciales, no es nada desdeñable la negociación en marcha entre Rusia y China sobre un hipotético acuerdo comercial entre ambas economías emergentes. De hacerse realidad, el rumbo de la economía mundial podría virar de manera notable, y junto con Xi Jinping, Putin pasaría a ser un personaje de suma importancia (más que ahora) en las decisiones que afectarán a toda la comunidad internacional.

Por si esto fuera poco, los recientes cambios políticos en Moldavia y Bulgaria-dos países que, hasta ahora, se habían mantenido al margen del Kremlin- los han convertido en nuevos aliados del presidente ruso. Y Putin -que puede pecar de muchas cosas, menos de tonto-, sabe que no se trata de crear una nueva URSS con la anexión de países europeos afines a su gobierno, sino probablemente de algo más sólido que, conservando la soberanía propia de cada país, se convierta en decisivo a nivel político, diplomático y económico. Algo grande, en definitiva, y diferente a lo establecido.

Por último está Siria y la buena sintonía entre el Kremlin y el régimen de Bachar Al Asad. Las tropas del presidente sirio empiezan a recuperar terreno en territorios tomados por los rebeldes, algo que, de convertirse en una tendencia, afianzaría aún más a Al Asad en el poder, lejos de derrocarlo. A pesar de la masacre de civiles de la que es culpable. Y si Al Asad continúa, su alianza con Putin también.

Si algo está claro es que de todos los botones que se están tocando en política internacional, ninguno perjudica a la Rusia de Putin. Más bien todo lo contrario.