La República Democrática del Congo vive una crisis política sin fin

Tres semanas después tanta palabrería no ha servido de nada. Los obispos de la CENCO (Conferencia Episcopal Nacional del Congo) han tratado de llegar a un acuerdo entre la mayoría y la oposición para evitar el caos en la República Democrática del Congo, y ayer, último día de reunión se fueron a casa con las manos vacías. No hay acuerdo, Kabila no quiere dialogar.

Los obispos anunciaron que estaban a punto de obtener la firma de un acuerdo para compartir el poder durante un período de transición para llevar el país hacia “unas apaciguadas y democráticas elecciones presidenciales y parlamentarias a finales de 2017”. La oposición acepta este trato. Kabila, por su cuenta, afirma no tener ninguna intención de firmar ningún acuerdo y anuncia que va a celebrar otro referéndum a elecciones provinciales, retrasando el proceso electoral. La población ya exasperada por estas negociaciones no aceptaría un nuevo aplazamiento.

Esta mañana se ha seguido con el diálogo que en teoría se le tendría que poner fin y firmar el acuerdo hoy mismo, sin mas novedades se ha retrasado la discusión, otra vez, para las ocho de la tarde. No parece que vaya a haber un acuerdo, y eso se interpretaría como una declaración de guerra del poder de Joseph Kabila a una oposición que ha hecho enormes concesiones para entrar en este diálogo y sobre todo un ataque a la población congoleña que a menudo ha insistido en que no quería prorrogar el mandato de Kabila y menos aún para un nuevo mandato.

Kinshasa se encuentra en un juego político que no tiene fin. Y una represión de las fuerzas de seguridad, para evitar que los ciudadanos se manifiesten en contra del gobierno, que tampoco cesa. El 19 y 20 de diciembre las protestas contra el dominio continuo de Joseph Kabila causaron la muerte de al menos 40 personas. Se desconoce la cifra de detenidos, la policía reconoce hasta 245 personas pero otras fuentes afirman que la cifra podría ser de más de 600.

A lo largo del pasado miércoles y hasta hoy han ido desapareciendo los disparos cada vez más esporádicos, las tiendas han abierto y los coches y motos han vuelto a ocupar las calles de Kinshasa desfantasmizando la ciudad, sin embargo, a pesar la semblante tranquilidad, los policías y militares no han abandonado las calles y la población sigue en tensión.

Ayer una reunión de 17 horas no llevó a un acuerdo. Kinshasa vive en un contexto explosivo y si hoy en menos de una hora no se ha llegado a un acuerdo, la población congoleña no va tener para nada una buena entrada de año. Delante del televisor esperan el veredicto que hará vivir la noche vieja de una manera o de otra.