La muerte de Sócrates, la vergüenza de Europa

Opinión

En esta cárcel en una cueva en Atenas es donde supuestamente murió Sócrates / N. S. I.

Atenas acogió el primer sistema democrático del mundo entre el 508 a.C. y el 322 a.C. La muerte de Sócrates, por eso, puso en jaque los valores democráticos de la ciudad. El filósofo ateniense fue condenado a beberse un pote de cicuta en 399 a.C. por corromper la moral de los jóvenes y despreciar a los dioses.

Solo sé que no sé nada es la gran frase que resume el pensamiento de Sócrates, que puso en duda todo forma de conocimiento entendido hasta entonces para que se volviera a replantear. Es por eso, que no escribió ninguna obra porque creía que cada uno tenia que desarrollar sus propias ideas y todo lo que conocemos hoy de él es a través de sus discípulos, como Platón. Su forma de pensar le llevó a confrontarse con otros filósofos, artistas, pintores e incluso la clase dirigente ateniense porque puso en duda su conocimiento e ideas. Ello le costó la vida.

Más de 2.000 años después Grecia ha vuelto ser la piedra del zapato de la democracia. Esta vez de valores de la Unió Europea (UE) como la democracia, la solidaridad, la humanidad han caído como un castillo de naipes en Grecia. Primero, fue con la crisis económica que azotó el país y luego la de los refugiados.

Desde el 2010, el país heleno vive inmerso en una crisis por la deuda que no puede financiar, por lo que ha sido rescatado en tres ocasiones. Sin duda, por eso, el momento más tenso de todas las negociaciones con sus acreedores fue cuando los griegos votaron en julio del 2015 en un referéndum contra de las medidas de austeridad que les imponía la troika (Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) para poder obtener un nuevo rescate financiero.

Una Grecia saturada por la crisis, con altos índices de pobreza y de desempleo consideró que no podía ajustarse más el cinturón y pedían otras medidas fiscales que tuvieran menos presión en la población. Sus socios europeos, por eso, hicieron los oídos sordos a la solidaridad y a las urnas e impusieron los problemáticos ajustes.

Pero la crisis de los refugiados en Grecia y la gestión que se está haciendo desde la UE, aún pone más en jaque los valores europeos. En marzo del 2016, Bruselas decidió cerrar fronteras para que los refugiados no salieran del país heleno. Des de entonces, unas 60.000 personas sobreviven en Grecia como pueden, en condiciones paupérrimas y sin trabajo. Open the borders (abran las fronteras) es un lema de los refugiados que ilustra muy bien la situación de estas personas que viven en campos, en la calle, en casas ocupadas, todos en sitios diferentes del país, pero en una situación común: no pueden salir de él.

Y si bien el pueblo griego y voluntarios venidos de todo el mundo se han volcado desinteresadamente con los refugiados, la realidad es que los gobiernos de la UE van por otro lado, los han dejado a la deriva y no ofrecen ningún tipo de ayuda económica al ejecutivo heleno para atenderlos.

Entre otras cosas, el gobierno griego entrega comida en los campos de refugiados, ha escolarizado a los menores o, si lo requieren, les ofrecen una sanidad pública gratuita. Es decir, un país en crisis, que ha empobrecido más con las medidas de austeridad, está soportando como puede la llegada de refugiados. Mientras esto sucede, ¿dónde mira Europa? En un sitio donde la vergüenza no alcance sus mejillas.

Sócrates fue asesinado en siglo IV a.C. y con su condena murió la democracia ateniense. Ahora los políticos han vuelto a matar a Sócrates y con él los supuestos valores democracia, solidaridad y humanidad de una UE que se erigía como una garante de los derechos humanos. Grecia se ha vuelto a convertir en un escenario que sonroja y sonroja mucho, ya que es una nueva demostración que la democracia en Europa no existe y la humanidad entre la clase política menos.