El aire más contaminado del mundo está en África

La palabra “África” tiende a evocarnos postales excepcionales del mar de arena del Sahara, los baobabs de Madagascar, los elefantes en Kenia, los volcanes en Congo…Pero la triste verdad es que cada vez más este continente evoca a sus habitantes imágenes de contaminación, basura y agua contaminada.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que cuatro de las ciudades con mayor contaminación del aire en el mundo están en Nigeria. Onitsa, una ciudad portuaria en el sur de Nigeria, es la ciudad más contaminada del mundo por la calidad de su aire. Registró 30 veces más los niveles recomendados por la OMS en cuanto a concentración de partículas pequeñas.

Las otras tres ciudades nigerianas presentadas en el informe de la OMS son el centro de transporte de Kaduna, en el norte, y Aba y Umuahia dos de las ciudades comerciales del sur de Nigeria.

La causa del problema de la contaminación en Nigeria es un cúmulo de factores. Una lista que no se acaba nunca: en la calle las emisiones de los de los automóviles no están reguladas; los suministros de electricidad son débiles y la mayoría de nigerianos dependen de generadores, que expulsan gases nocivos en áreas sin ventilación. Las compañías de distribución de carburante no tienen escrúpulos y no hay normativa que lo controle. Se utilizan combustibles sólidos para cocinar, la quema de residuos produce emisiones tóxicas y la basura electrónica proveniente de Europa no llega a plantas de reciclaje homologadas…para citar solo algunos de los factores.

La contaminación del aire se ha convertido en el cuarto factor de riesgo de muertes en todo el mundo. Y en África es realmente un peligro. El pasado septiembre, la organización Public Eye publicó un informa titulado Dirty Diesel. How Swiss Traders Food Africa with Toxic Fuels, en el que criticaba a empresas suizas por sus vínculos con el comercio de diésel con niveles de azufre en África. Un combustible que hace tiempo que fue prohibido en Europa y ahora se aprovechan de las débiles regulaciones en África para distribuirlo.

Sería ideal que las compañías distribuidoras de diésel respetaran los derechos humanos en todos los países y que los gobiernos africanos tuvieran leyes más estrictas, el problema es que estos países tienen normas que no se revisan desde la época colonial y unas refinerías que no tienen la tecnología adecuada para reducir los niveles de azufre. Las empresas transnacionales se aprovechan de que en estos países están desesperados por la inversión de capital externo y no tienen una legislación ambiental sólida para evitar que las empresas contaminen, ni manera de que en caso de hacerlo paguen los perjuicios.

Países como Nigeria, con un rápido desarrollo económico e industrial gracias a la agricultura, las telecomunicaciones y la extracción de petróleo no tienen la tecnología necesaria y utilizan técnicas altamente contaminantes y dañinas que provocan un gran coste medioambiental. Un gran coste para el continente africano, pero también para el resto del mundo, donde poco a poco provocamos una gran huella ecológica irreversible.