La lucha por el agua que Canadá le va ganando a Nestlé

Planta de Nestlé / Toronto Star

Planta de Nestlé / Toronto Star

El mundo está plagado de injusticias y situaciones para las que a una le salen pocas palabras bonitas. Por eso, de vez en cuando, apetece contar historias con final feliz, aunque sea relativo y temporal, para coger aire y empujar la lucha. El pasado mes de septiembre, la ONG Sum of Us, ponía en marcha una campaña de recogida de firmas para frenar la extracción de agua de sus pozos en Ontario, Canadá, por parte de Nestlé. La compañía la había aumentado un 33% en los últimos tiempos, provocando un descenso del nivel del agua de 1,5 metros.

Las dos luchas seguían caminos diferentes. Mientras Nestlé buscaba controlar el agua de toda la región adquiriendo pozos y pujando por encima del precio de mercado para quedarse con el agua de un municipio de 30.000 personas, Sum of Us empezaba a recoger firmas para frenar a la multinacional. La intención era decirle a Nestlé que “nuestra preciosa agua no se puede usar con fines de lucro”.

Sum of Us, que ya consiguió detener a Nestlé en Oregon, Estados Unidos, consiguió más de 324.000 firmas para presionar a la primera ministra de Ontario, Kathleen Wynne, del Partido Liberal. Un gran logro ya que su objetivo eran 100.000. La ONG acusa a la compañía “de absorber millones de litros de agua subterránea por centavos mientras los incendios forestales amenazan toda la provincia”.

La repercusión de la campaña fue tal que en un principio, el gobierno de Wynne se vio obligado a aceptar revisar las tarifas del agua. Pero la presión fue más allá y obligó al ejecutivo a aprobar una moratoria sobre la expansión de las operaciones de agua embotellada que durará al menos dos años. Sum of Us lo califica de “enorme éxito” y cree que es una señal de que el gobierno ha entendido que el control privado de los recursos hídricos “ha ido demasiado lejos”.

Aunque la victoria está cantada, la organización llama a que la vigilancia se mantenga hasta que la moratoria esté aprobada y sobre el papel y se firmen los cambios regulatorios que normalicen las situaciones en las que se puede o no comprar agua subterránea. Cada vez que alguien empieza a pelear por algo, se va poco a poco levantando un grito que en muchas ocasiones consigue romper el silencio con el que muchos imponen su ley.