60 años de Unión Europea: ¿nos podemos permitir líderes racistas y machistas?

Sede de la Comisión Europea / CE

Sede de la Comisión Europea / CE

Después de los rescates, de las dos velocidades, de cambiar gobiernos democráticos por dictaduras tecnócratas, del Brexit, del auge de la extrema derecha, la Unión Europea cumple 60 años. Y lejos de limpiar su nombre, sigue ensuciándolo. Sobre todo al mantener al frente del Europgrupo a Jeroen Dijsselbloem, el socialdemócrata holandés que hace un par de días soltó la siguiente maravilla:

“El pacto dentro de la zona Euro se basa la confianza. En la crisis del euro, los países del euro del Norte han mostrado su solidaridad con los países en crisis. Como socialdemócrata considero la solidaridad extremadamente importante. Pero quien la exige también tiene obligaciones. No puedo gastarme todo mi dinero en licor y mujeres y a continuación pedir ayuda. Este principio se aplica a nivel personal, local, nacional e incluso a nivel europeo”

Y lo peor no es lo que dice sobre los países del sur, que no deja de ser un topicazo de barra de bar, sino cómo cosifica a la mitad de la población mundial. Para Dijsselbloem las mujeres somos una mercancía. Al nombrarnos como objeto, nos expulsa del sujeto. Las mujeres estamos para este tipo, que se hace clasificar como socialdemócrata, en la categoría de las cosas, junto con el alcohol. ¿No nos vamos de juerga? ¿No nos gastamos el dinero en alcohol? ¿Y en hombres? ¿No pensamos y actuamos? El machismo silencioso del presidente del Eurogrupo es aún más dañino por irreconocido que el del eurodiputado polaco Korwin-Mikke que afirmó que las mujeres somos más débiles y menos inteligentes que los hombres.

Con este panorama, qué preciosidad celebrar 60 años de la UE, ¿verdad? Cualquiera diría que vivimos en 2017. Los líderes de la UE, incluido Dijsselbloem, se reúnen con los jefes de Estado y de gobierno en la capital italiana para celebrar el aniversario de la firma del Tratado de Roma.

Aprovechando la celebración, Frans Timmermans, holandés, socialdemócrata y vicepresidente de la Comisión Europea, utiliza el alcohol para identificarlos con el nacionalismo: “te da un subidón, pero tienes una resaca terrible cuando te levantas”, decía en un tweet. De la misma nacionalidad y partido que Dijsselbloem, este europeísta convencido ha sido muy duro con él en una entrevista con EL PAÍS:

“Con la crisis, llega el concepto de riesgo moral. Las palabras de Jeroen Dijsselbloem lo demuestran. Pensamos según nuestro bagaje cultural y no tenemos suficiente sensibilidad hacia los otros. Eso no ayuda a construir un futuro común.”

La UE siempre tiene estas dos almas, la que la construye y la que la utiliza para aplicar su mando. En su aniversario, The Economist dice que sólo puede sobrevivir si se vuelve más flexible. ¿Con las condiciones de los rescates o con los pasos hacia la integración? Sean cuales sean, los líderes conmemorarán el nacimiento de la institución con pompa en el Palazzo dei Conservatori, con discursos, música, baile y hasta la aparición del Papa Francisco, con mejor reputación que la UE en estos tiempos.

Sólo 6 de los actuales miembros de la UE firmaron el Tratado del 57. Que 21 se hayan unido desde entonces y se vayan a reunir con ellos en el mismo salón donde se sancionó el original debería servir para marcar un punto y aparte. La UE no tiene triunfos que celebrar en los últimos años. Y de momento, tampoco escenarios de futuro que digan lo contrario.