Y Trump bombardeó Siria

Mark Wilson / EFE

Lo que se perfilaba como una alianza fuerte y duradera entre Donald Trump y Vladímir Putin desde que el estadounidense llegó a la Casa Blanca empieza a resquebrajarse. Y el motivo se llama Siria. Tras criticar con dureza a Obama por bombardear el país de Oriente Medio, Estados Unidos bombardeó este viernes la base aérea siria Al Shayrat, en Homs, en respuesta al ataque con armas químicas del martes del que la comunidad internacional culpa a Bachar Al Asad.
La reacción del Kremlin -que a lo largo de la semana se ha esforzado en asegurar que son los rebeldes, y no su amigo Al Asad, quienes poseen armas químicas-, ha sido inmediata. Moscú calificó el ataque estadounidense como «una agresión a un Estado soberano, en violación de las normas del Derecho Internacional y bajo un pretexto inventado».

«Es un intento de desviar la atención de las numerosas víctimas civiles en Irak», señaló un portavoz de Putin, quien añadió que lo ocurrido supone «un deterioro en las relaciones» entre Estados Unidos y Rusia.

También el propio Bachar Al Asad calificó el ataque como una acción «despiadada e irresponsable».

La postura que adoptaría Trump ante el conflicto en Siria era una incógnita. Siguiendo la lógica de las alianzas, si el magnate pretendía mantener una buena relación con Rusia era evidente que debía abstenerse de intervenir o, de optar por una opción totalmente radical, sumarse a la alianza entre Damasco y Moscú.

Sin embargo, las palabras del presidente de Estados Unidos tras el bombardeo químico en la ciudad siria de Jan Shijún, en Idlib, dejaron clara su posición.

«El martes el dictador sirio, Bachar Al Asad, lanzó un horrible ataque químico contra civiles inocentes. Usando un agente nervioso mortal, Asad ahogó las vidas de hombres, mujeres y niños indefensos. Fue una muerte lenta y brutal para muchos, incluso para bebés preciosos, en este bárbaro ataque», apuntó Donald Trump.

Ya antes, el presidente de EE.UU. había manifestado su opinión acerca de que Al Assad «es el responsable de los hechos. Y que algo debe ocurrir».

Trump fue el primero y único en decidirse a atacar Siria tras la masacre con armas químicas del martes. Además de Siria y Rusia, Irán también condenó el bombardeo estadounidense.

Por el contrario, países como Turquía, Israel, Arabia Saudí, Reino Unido, España o Canadá respaldaron a Estados Unidos. Los mismos que en su momento advirtieron a la comunidad internacional de los modos e ideas de Trump, aplauden ahora un bombardeo que consideran «oportuno» y «proporcionado».

Sin embargo, a ninguno de ellos se les ocurrió ordenar a sus fuerzas armadas algo semejante.

«Consideramos los ataques aéreos de Estados Unidos contra la base áerea de Shirat una respuesta positiva a los crímenes de guerra del régimen de Al Assad», afirmó Erdogan.

«Israel apoya plenamente la decisión de Trump», tuiteó Netanyahu. «Una decisión valiente», considero Riad.

Parece que Donald Trump está destinado a ser el nuevo cabeza de turco de la comunidad internacional en Oriente Medio. El mayor temor es que las armas químicas -que, sin duda, existen y fueron utilizadas el martes para matar a un centenar de civiles- solo sean el pretexto perfecto para hacer la guerra. Para seguir haciéndola.

«Obama, ¡no ataques Siria!»

Con el ataque a la base aérea de Al Shayrat, Trump cometió una de sus mayores contradicciones desde que llegó a la Casa Blanca. Los medios de todo el mundo recordaban este viernes los tuits que el magnate escribió en el pasado criticando la intervención de Obama en Siria.

«Una vez más le digo a nuestro estúpido líder: no ataque Siria», escribió en septiembre de 2013. «¡Si lo hace, pasarán muchas cosas malas y Estados Unidos no consigue nada con esa pelea!», añadió.

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Y ahora, ¿qué? Todo apunta a que el primer ataque directo de Estados Unidos a Siria en la era Trump sólo ha sido el primero de muchos. Lo que cabe preguntarse ahora es si, en medio del humo de las explosiones y la asfixia del gas mortal, a alguien le importan realmente los sirios.