África, camino a la prosperidad, si la dejan en paz

“Sueño con un África en paz consigo misma” decía Nelson Mandela. Pensar en África es para la mayoría pensar en conflicto, corrupción endémica, nepotismo, pandemias, subdesarrollo, migraciones, hambre… África carga con muchas lacras históricas de su pasado que son aún difíciles de superar: las consecuencias del colonialismo, las deficiencias gubernamentales, la costosa y mala diligencia de los nuevos estados independientes, el analfabetismo, la desconsideración por el medio ambiente…Pero África, con todos sus peros, es un gigante que despierta.

En 2050, más de 1.300 millones de personas poblarán el continente africano, el 35% de la población mundial. En 2100, será el hogar de 4,4 millones de personas – cuatro veces su población actual. La ONU contabiliza 71 ciudades africanas con una población superior a los 750.000 habitantes, muchas de los cuales carecen de infraestructura para apoyar a grandes poblaciones. Estas ciudades están creciendo a un ritmo imparable – esperado para sostener 100 millones más gente en 2025 de lo que lo hicieron en 2010.

Este aumento planteará importantes desafíos. Los gobiernos africanos seguirán enfrentando pobreza, conflictos, enfermedades, acceso al agua potable, a la educación… El continente continúa sufriendo un rápido crecimiento urbano acompañado de una pobreza urbana masiva y muchos otros problemas sociales. La Onu advertió que “las trayectorias de desarrollo seguidas por las naciones africanas desde la post-independencia pueden no ser capaces de cumplir las aspiraciones de un desarrollo humano de base amplia”. La Unión Africana precisa de un desarrollo más dinámico, que reúna a todos los países africanos, que genere confianza y proteja sus intereses en el juego internacional.

El continente comenzó a despegar en la segunda mitad del siglo XX, con una población casi cuadruplicada en 50 años. África oriental y central, incluidos países como Kenia y el Congo, tuvieron el mayor crecimiento demográfico. Mientras tanto, los del sur y del norte -como Sudáfrica y Túnez- registraron menos crecimiento. Esta tendencia se espera que continúe en este siglo, pero hasta ahora el crecimiento de la población no se ha equiparado a la prosperidad. En la próxima reunión del G-20 en Alemania, África y sus perspectivas será uno de los temas centrales a tratar, dónde Representantes de las economías mundiales más grandes discutirán con representantes africanos sobre una cooperación más estrecha entre la comunidad internacional y valorando las oportunidades y desafíos de un continente en el que siete países se muestran en la lista de los 10 que más han crecido en el mundo y donde nacerá uno de cada tres niños futuros. El desafío global para África en las próximas décadas es el crecimiento masivo de la población en un contexto de pobreza generalizada. Es importante, desde Europa, no equivocarse con África: sus problemas son también los nuestros. La comunidad internacional debe mirar hacia África y el desarrollo en ese continente, debe convertirse en uno de los temas centrales de la política europea y global.

Gráfico de la ONU

África posee incalculables recursos minerales, el 35% de las reservas minerales mundiales, más del 40% de las reservas de oro, el 55% de las de cobalto, el 92% de las de platino, además de las petrolíferas que aumentan cada día con nuevos hallazgos. Con este panorama, parece que tendríamos que ser optimistas pero como escribía la periodista Naomi Klein: “África es pobre porque los inversionistas y sus acreedores son inmensamente ricos”. Riqueza material y demográfica que son explotadas por grandes y empresas y países que existen hoy reencarnando las antiguas potencias coloniales, construyendo un nuevo modelo de colonización.

Un continente de más de 30 millones de kilómetros cuadrados de extensión, conformado por 54 países diferentes, con 54 gobiernos de diferentes colores, cuyos límites fronterizos fueron diseñados por las diferentes potencias colonizadoras durante más de 50 años que responden a intereses económicos.

El continente africano, condicionado por tantos factores externos que lo perturban, lucha cada día para encontrar su sitio en el mundo, la política internacional y sus organismos. Para cambiar su imagen internacional, quiere huir de tópicos ni generalizaciones. África es a menudo considerada medios como un continente desgarrado, perdido… los escépticos avisan que los problemas nacionales que desafían varios países, reducen a cero todos los progresos de los últimos años y el rápido renacimiento económico del continente negro. Pero eso es una visión generalista.

“África es muy heterogénea, geográfica y culturalmente. Y requiere un banco de información común”, decía Jordi Bacaria, director del Centro de Barcelona para Asuntos Exteriores (Cidob), en la conferencia internacional organizada por el Real Instituto Elcano (RIE) la semana pasada en la Casa Árabe, en Madrid. Y es que África es, en realidad, la suma de 55 países. “Solo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos África”. Decía el reportero polaco, Ryszard Kapuscinski, en su libro Ébano. ¿Somos los medios de comunicación cómplices de la visión de África como una generalización cuando sólo hablamos de sus guerras, de las crisis humanitarias o las enfermedades que fustigan el continente?