Chelsea Manning y el debate que nunca llegó

Fotografía de archivo del 10 de junio de 2013 de Manning. (PETE MAROVICH / EFE)

Fue descrita como quizás la sentencia más injusta de la historia del sistema de justicia militar: 35 años de prisión por filtrar documentos y vídeos clasificados a través de Wikileaks. En 2013, cuando se hizo pública la sentencia según la cual se condenaba la analista de inteligencia del Ejército estadounidense Chelsea E. Manning por la filtración masiva, pocos se imaginaban que podría salir de prisión al cabo de cuatro años.

La salida de Manning de la prisión de Fort Leavenworth, en Kansas, el pasado miércoles -posible tras el anuncio de la conmutación del resto de pena hecho por Barack Obama tres días antes de abandonar la Casa Blanca- no debe hacer caer en el olvido el motivo que llevó a Manning a dar la vuelta al mundo.

Su historia ha ganado visibilidad en los últimos años por su lucha personal para cambiar de sexo ya que consiguió recibir tratamiento hormonal desde la prisión -aunque debía ceñirse a restricciones de imagen de la prisión, que sólo es de hombres-. Sin embargo, y a pesar de la conmutación del resto de su pena, poco se ha puesto el foco en la cuestión de fondo que Manning pretendía denunciar con la filtración masiva de documentos:la impunidad y la oscuridad con la que opera el Ejército estadounidense.

Lo que Manning filtró a Wikileaks

En 2010, tres años después de unirse al Ejército y dos años después de ser destinada a Irak, la joven filtró toda la documentación a Wikileaks. La primera publicación fue un vídeo clasificado de un helicóptero Apache de los Estados Unidos atacando civiles en Bagdad en 2007. Murieron 11 personas, dos de ellas trabajadores de la agencia Reuters.

Esa fue la primera pero no la última información clasificada que se reveló. También filtró, entre otros documentos, lo que se conoce como “diario de la guerra de Afganistán”. La filtración, considerada una de las mayores de la historia militar de Estados Unidos, sacó a la luz más de 70.000 documentos que contenían información sobre muertes civiles durante la guerra de Afganistán que nunca fueron investigadas así como otros documentos que mostraban el incremento de los ataques talibanes.

Otras filtraciones de la larga lista, imposible de hacer en detalle, mostraban abusos por parte de militares hacia reos en la prisión iraquí de Abu Ghraib. En total, Manning copió cientos de miles de registros de incidentes militares.

Si las perspectivas de que las filtraciones de Manning abran un debate y persigan judicialmente quienes cometieron esos crímenes y abusos ya eran poco halagüeñas, con Donald Trump como presidente cualquier esperanza en ese sentido se disipa y la oscuridad se vuelve todavía más negra.