¿Hacia dónde va Venezuela?

Tras la muerte de Hugo Chávez, Venezuela entró en una etapa cuyo final no se vislumbra. La caída de los precios del petróleo desde 2014 ha llevado a una mayor crisis en el país que ha dejado a su población sumida en la escasez de productos básicos como el pan, el azúcar o algunos medicamentos, que se han convertido en productos casi de lujo. “Si usted me dijera que mañana se va a Venezuela le pediría que trajera medicamentos para tratar el parkinson a mi abuela”, decía una periodista venezolana a un periodista catalán en un programa de televisión dedicado a Venezuela, respondiendo sobre cómo es el día a día de los venezolanos.

La crisis y la inflación han hecho florecer nuevas profesiones, como los llamados coleros -gente que hace cola en los supermercados para comprar productos de precio regulados para otra persona que no tiene ese tiempo a cambio de dinero- o los bachaqueros -aquellos que compran para revender a un precio mucho más alto alto productos que escasean-.

En 2014 el índice oficial de escasez según el Banco Central de Venezuela (BCV) era del 25,3%. Es evidente que la caída de precio del petróleo desde entonces ha debilitado la capacidad del país de importar, a cambio de crudo, algunos productos debido a la alta dependencia de Venezuela del llamado oro negro. Según datos recogidos en el CIA World Factbook, los ingresos petroleros representan casi todos los ingresos de exportación -básicamente a Estados Unidos, India y China- y casi la mitad de los ingresos del gobierno. Además, en 2016, el PIB se contrajo un 10% y la inflación alcanzó el 545%.

Venezuela se aleja así de la inversión social que durante la administración Chávez logró reducir la pobreza de casi el 50% en 1990 a un 27% en 2011. Una época en que la mortalidad infantil se redujo también y se mejoró el acceso al agua potable y los servicios de salud, hoy desabastecidos en algunos casos de material y medicamentos necesarios. De hecho, el último informe de Amnistía Internacional sobre Venezuela recoge precisamente que la negativa del gobierno a aceptar ayuda internacional para responder a la crisis humanitaria y proporcionar medicamentos ha exacerbado la crítica situación de la atención médica.

“La deficiente situación de los servicios de salud pública dio lugar a un aumento de enfermedades prevenibles y tratables como la malaria y la tuberculosis. Algunas ONG como la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida (CODEVIDA) y varias asociaciones profesionales estimaron la escasez de medicamentos de elevado precio en un 75% y la de medicamentos esenciales en un 90%”, apunta el informe.

Hoy las llamadas “misiones” del chavismo -programas sociales con ayuda cubana destinados a ámbitos como la educación y la sanidad- son cuestionadas por algunos sectores que critican la falta de sostenibilidad de éstas por estar financiadas a base de petróleo.

Pero más allá de la crisis económica o social que atraviesa el país el riesgo se encuentra sobre todo en la peligrosa deriva de un sistema democrático a un sistema autoritario donde la violación de los derechos humanos y la corrupción sean la norma y donde la polarización política se agudice todavía más..

En octubre la oposición venezolana -que tiene mayoría en la Asamblea Nacional (Parlamento)- intentó convocar un referendo revocatorio en contra del presidente Nicolás Maduro pero este lo bloqueó. En marzo el Tribunal Supremo dejó sin competencias a la Asamblea y ahora Maduro quiere convocar un parlamento paralelo, la Asamblea Nacional Constituyente con el pretexto de elaborar una nueva constitución. En 2016 tenían que haberse celebrado elecciones regionales y este año deberían celebrarse municipales. La clave la apunta la investigadora del CIDOB Anna Ayuso en un artículo: “Sabe que las va a perder. En su lugar convoca la Constituyente para ganar un tiempo que le permita llegar a las presidenciales de 2018 con una nueva Constitución a su medida”.