Mentiras sobre Catar e Irán

Una vista de la capital de Catar, Doha. / Pepe Pont

“El aislamiento de Catara marcará posiblemente el principio del fin del horror del terrorismo. Todos los elementos apuntan hacia Catar”, decía recientemente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La semana pasada Arabia Saudita, Berein, Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Egipto y las Maldivas decidieron cortar relaciones diplomáticas con Catar por, supuestamente, financiar al terrorismo, una teoría que no está comprobada. A finales de mayo, Trump hizo una gira en Medio Oriente y les advirtió a los países árabes que se tenia que poner punto y final al terrorismo. Las monarquías de la región no lo dudaron ni un segundo: señalaron directamente a Doha. Días después, iniciaron el bloqueo.

Pero, ¿por qué Catar? El argumento que dieron es por su apoyo a los Hermanos Musulmanes en Egipto, una organización política de corte islamista que nació en 1928 en Egipto y que es considerado terrorista por el Cairo. ¿Pero quiénes son los Hermanos Musulmanes? ¿Son terroristas?

Egipto vive sumergido en una dictadura militar y laica desde 1952 cuando tomó las riendas del país Gamal Abdel Nasser. Tras él, hubo tres militares más, uno detrás de otro, como presidentes del país. Todos ellos impuestos, sin elecciones. En este contexto, los Hermanos Musulmanes lucharon contra el régimen establecido: un sucesivo vaivén de dictaduras militares. Si bien al principio optaron por la violencia, desde los años setenta la abandonaron. A partir de entonces, crearon un tejido social sanitario y educativo, que cubría las carencias del Estado en las regiones más pobres. Además, en los noventa abrieron el grupo a otras confesiones como la Kopta o ideologías políticas como los comunistas.

Entre el poder de los militares, por eso, hubo un oasis de democracia. El 25 de enero del 2011 empezó la Primavera Árabe, que el 11 de febrero acabó con la destitución del entonces presidente: el militar Hosni Mubarak. Todo esto desencadenó que hubiera las primeras elecciones libres en el país el 30 de junio del 2012 que llevaron al poder a Mohamed Mursi, de los Hermanos Musulmanes. Mursi era el primer presidente elegido democráticamente de la historia del país.

Pero su mandato no duró demasiado. En julio del 2013, los militares, liderados por Abdul Fatah al-Sisis, perpetraron un Golpe de Estado y zanjaron violentamente el primer embrión democrático del país. Tras ello, Mursi, junto a otros 14 dirigentes de los Hermanos Musulmanes, fueron encarcelados. El primer presidente elegido en las urnas está en una prisión de máxima seguridad en medio del desierto y su formación ha sido ilegalizada.

Así pues, se ha puesto en duda que Catar financie a terroristas por el simple hecho de apoyar a los Hermanos Musulmanes. Además, Arabia Saudí también ha sido acusada en numerosas ocasiones de financiar el terrorismo. El mismo Trumpo lo hizo saber en su campaña electoral.

Entonces volvemos a la pregunta inicial ¿Por qué Catar? Arabia Saudí siempre ha sido el poder hegemónico e indiscutible en esta región. Un poder que ahora está en entredicho por el auge, precisamente, de Catar, liderado por el monarca joven Sheikh Tamin bin Hamad al-Thanini, de tan solo 37 años. Doha, en contraposición a Riad, es un país que se ve prospero, joven, moderno y con voluntad de convertirse en un líder. Es por ello, que en Catar nació la mayor cadena del mundo árabe, Al-Jazeera, muy crítica con Arabia Saudí. Por eso, con el bloqueo de Catar se perseguiría anular su creciente liderazgo en la región, así como el canal de televisión más famosos entre los musulmanes.

¿Es Irán un país terrorista?

Recientemente, también hemos oído a Trump referirse a Irán como un país terrorista. Otra falacia que muestra la ignorancia o la buena estrategia del presidente estadounidense. El mundo musulmán se divide entre sunitas y chiitas. De hecho, la mayoría de la población, un 90%, es sunita. Irán es el único país del mundo chiita.

Todos los grupos terroristas internacionales como Al-Qaeda y Estado Islámico son sunitas y tienen un discurso muy duro contra los chiitas, a quienes ven como infieles. Vaya que católicos, laicos, chiitas o cualquier otra tendencia religiosa ocupan el mismo lugar para estos grupos armados extremistas: están dentro del saco de los infieles. Es por ello que, la semana pasada, Estado Islámico atentó en Teherán contra el parlamento iraní y el mausoleo de Ruholá, dejando 17 muertos y más de una cincuentena de heridos.

Aun así, Trump, con el menor tacto posible, lamentó las víctimas de Irán, pero aseveró que los países que “patrocinan el terrorismo se arriesgan a convertirse en víctimas del propio mal que promocionan”. Ello, evidentemente, levantó la ira del Gobierno de Teherán.

Estados Unidos considera que Irán está apoyando al régimen de Bachar al Asad en Siria, que es chiita, en un país de mayoría sunita. Además, Washington también cree que ayuda a los houtis, un grupo rebelde chiita que en 2014 se hizo con el control del norte del Yemen, donde la mayoría de la población sigue esta corriente del Islam. Tras ello, en marzo de 2015 Arabia Saudí emprendió una cruzada contra esta fracción, entrando en suelo yemení y bombardeando a los rebeldes. Consecuentemente, desde entonces, el país más pobre de la península arábiga vive sumergido en un conflicto.

Irán, como Catar, son los dos nuevos líderes en la zona, que le discuten por primera vez el poder a Arabia Saudí. Tal vez por ello, a Washington y Riad no les ha faltado tiempo para señalarlos con el dedo. En su momento, el argumento de las armas de destrucción masiva sirvió como excusa para invadir Irak. Esperemos que la acusación de terrorismo no sea el inicio de un discurso que sirva para perpetrar una guerra ilegal en Irán o Catar. La región no lo soportaría y la población civil no se lo merece.