Rambla sepulcral

Personas ponen flores, peluches y mensajes en la Rambla para conmemorar a las víctimas del atentado del juves / N.S.I.

Salir del metro y ver esa multitud que caracteriza la Rambla. Pero de repente te das cuenta de que hay algo diferente. Como en una película que le han sacado el sonido ambiente, el murmullo de las personas calla. La Rambla, sepulcral. La Rambla está de duelo.

Velas, mensajes, peluches instalados en infinidad de rincones, te recuerdan que Barcelona y el mundo está de luto. Eso es lo que te vas encontrando en esos quinientos metros de dolor que recorrió la furgoneta.

También hay personas que se han apoderado de tizas para dejar sus mensajes. Entre ellos, Mario, que escribe: Viva la vida. Un mensaje, dice, de esperanza. “Viva la vida por todo lo que ha sucedido, que es una barbaridad”, destaca Mario, que asegura que los que han provocado el ataque terrorista del jueves “no entienden ni de viva ni de vida”.

Milton se acercó a poner una vela, una forma de mostrar su “unión y respaldo a toda esta gente que perdió su vida”. Este latinoamericano lleva más de veinte años viviendo en la ciudad condal y afirma que se siente un barcelonés más. “Llevo muchos años viviendo aquí en Barcelona y a mí me afectó muchísimo, aún tengo lágrimas en mis ojos”, relata visiblemente golpeado.

Una mujer escribe en el suelo: “El cielo tiene 14 estrellas más”. Son las catorce vidas que se apagaron con los atentados de Barcelona y Cambrils el pasado jueves. Unos ataques que también dejaron un centenar de heridos, entre ellos tres trabajadores de un quiosco.

Armando es uno de sus compañeros. Él hace el turno de mañana, por lo que no vio nada de lo que sucedió ese fatídico 17 de agosto a las cinco de la tarde, pero explica: “Pasó por aquí (la furgoneta), se llevó los expositores y la gente que había aquí”. Sus compañeros, afortunadamente, están bien. “Tienen unos días de descanso y a ver cómo los afecta la parte psicológica”, se pregunta este hombre que lleva siete años trabajando en el quiosco de la Rambla. Tal vez, por eso, aunque no lo viviera en primera persona, reconoce que cada día que pasa le “afecta un poco más”, ya que “se imagina todo lo que pasó”.

Centenares de persones han iluminado la Rambla con velas dos días después del atentando y cada uno tiene su propio motivo. “Pongo la vela por esta tragedia, para compartirla, y porque al mismo tiempo me recuerda a vivencias irracionales que a mi también me han tocado vivir”, reconoce Maria Ángels. Relata, sin temblar, que su hija fue víctima de violencia de género.

Tras de ella, personas de una diversidad de países también se agachan a poner velas o mensajes de condolencias, mientras que otros no pueden contener las lágrimas.

De la Rambla siempre se ha dicho que es la única vía de la ciudad que tiene la capacidad de reunir la Barcelona burguesa, obrera y canalla en un mismo espacio. Ahora, diría, que va un poco más allá y alberga todo el crisol de culturas que conforman Barcelona, entre ellas, también la musulmana.

De repente, el silencio sepulcral se corta con un grito de “No tinc por” (No tengo miedo). Es un grupo de musulmanes que han venido a reivindicar que ellos también son barceloneses y se sienten catalanes. Asimismo, recuerdan que en su religión no tiene cabida los actos terroristas. “Esta gente que ha hecho esto no pertenece a la comunidad musulmana. No es del Islam. Son gente a quien les comen la cabeza. No queremos que nos condenen a todos los musulmanes”, resalta Abdel Karim, que lleva doce años en esta ciudad. A la manifestación cada vez se unen más personas, transeúntes de diferentes colores, una muestra más de esta Rambla tan diversa y políglota.

Y los barceloneses lo saben. Por eso, los mismos vecinos de la ciudad pararon el pasado viernes una manifestación fascista que empezó a desfilar por esta vía, donde todo tiene cabida menos el odio, el terror y el racismo.

La Rambla recoge un silencio sepulcral, pero también una fuerza de lucha porque la sociedad barcelonesa lo dejó bien claro el viernes tras el minuto de silencio: “No tinc por”, gritaron al unísono los asistentes. Tal vez, este sea uno de los mensajes más escritos entre la infinidad de papeles y carteles que recorren las paredes, árboles o quiscos de esta gran vía peatonal que acaba en el mar, la conexión de Barcelona con el mundo.

En Gracia, una multitud de barceloneses también desafía el miedo. Pese a que anularon todos los conciertos y actos de la fiesta mayor de este popular barrio, la gente sale a la calle. Con cerveza en mano, deambulan por las decoradas callejuelas de este histórico barrio que vio nacer al Pescailla, fundador de la rumba catalana. Y es que los barceloneses, ante los actos terroristas, han enviado un mensaje claro: “No tinc por”.

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