Y ahora, los zapatos de Melania

La primera dama de EE.UU. recibió un aluvión de críticas por subir en tacones al avión que la llevaría hacia la zona devastada por el huracán Harvey

La primera dama de EE.UU. recibió un aluvión de críticas por subir en tacones al avión que la llevaría hacia la zona devastada por el huracán Harvey

Melania Trump ha vuelto al centro de la polémica y una vez más ha sido por su atuendo. La primera dama de Estados Unidos subió al Marine One que la llevaría a la zona afectada por el huracán Harvey con unos zapatos negros de tacón de aguja (unos stiletto, detallan los medios). El atuendo lo completaban un conjunto de camiseta y pantalón también negros, unas gafas de sol del mismo color tipo aviador y una chaqueta bomber color verde caqui.

Las fotos del modelito podrían haberse reservado para las revistas de moda, de no ser porque las redes sociales estallaron contra la exmodelo y esposa de Donald Trump al considerar muy inapropiado el calzado que había escogido.

Pero la tormenta tuitera tuvo que cambiar su discurso cuando Melania salió del avión: la primera dama descendió la rampa del aeroplano con unas zapatillas blancas, se había recogido el pelo en una coleta y se había puesto una gorra y una camisa blanca.

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Lejos de guardar silencio, los tuiteros comenzaron a señalar el cambio de ropa de Melania como una reacción a las críticas en las redes sociales. Una vez más, Melania Trump se convirtió en el objetivo de las redes y de algunos medios de comunicación y su persona hizo más ruido que la catástrofe natural que azotó Houston (Texas).

Y una vez más, la opinión pública escogió prestar atención a cómo va vestida la primera dama y no a las medidas que pueda estar tomando el gobierno de Trump para arreglar los destrozos de la catástrofe. “Es triste que tengamos un desastre natural activo y continuo en Texas y la gente esté preocupada por sus zapatos”, escribió en un e-mail la directora de comunicación de Melania Trump, Stephanie Grisham.

Parece que a algunos medios estadounidenses se les quedan pequeñas las numerosas polémicas del propio Donald Trump, por lo que buscan cualquier detalle para cargar contra el presidente y su familia, por superficial que sea. Y Melania, que además es mujer, agraciada y exmodelo, es el objetivo perfecto.

Lo ha sido para la directora de moda del The New York Times, , que escribió: “Como primera dama, en un ambiente tan tenso como el actual, hasta embarcar en un avión se convierte en un momento casi oficial en el que todos los mensajes, hablados o asumidos, están llenos de significado”, después de describir sus zapatos como propios de “cierto tipo de cliché de feminidad: decorativo, poco práctico, costoso, elitista (todos los adjetivos a menudo asociados con la marca ‘Trump’)”.

También el crítico de moda del Washington Post, Robin Givhan, señaló que Melania “ofreció un momento de moda en lugar de una expresión de empatía”, y añadió que “se la veía vestida para ver un desastre natural desde la distancia, desde lo alto, pero no de cerca. Su conjunto implicaba que las historias personales de la gente le serían trasladadas después de que hubieran sido examinadas y arregladas”.

No está mal para dos miembros de un sector en el que en contextos parecidos impera el discurso “antes muerta que sencilla” o “para estar guapa hay que sufrir”.

Si bien no cabe duda de que Melania Trump no es Michelle Obama ni Lady Di en cuanto a carisma e iniciativa social, ese no es motivo para que la opinión pública cargue contra ella gratuitamente por su forma de vestir. Al menos, no únicamente por eso. Además de que Melania ya calzaba ese tipo de zapatos antes de ser primera dama, es una persona perfectamente consciente de cuándo va a ser fotografiada y elige sus atuendos a conciencia.

Si la elección de Melania fuera meterse en el barro en tacones, sin duda el mayor problema sería para ella. Pero ni Donald ni Melania Trump metieron los pies en el barro, y eso sí que podría ser una justificada merienda para los críticos con el viaje oficial del presidente estadounidense y la primera dama a una zona devastada por un huracán. Pero de eso se habló poco.

En cuanto al debate sobre por qué Melania Trump se cambió de ropa en el avión, los mismos que critican que lo hiciera tras el revuelo en las redes deberían apuntarse un tanto (y otro para Melania) por conseguir haber sido escuchados. Quizá lo más razonable sería criticar el coste de los atuendos de la primera dama, pero no los centímetros del tacón de sus zapatos.