¿Qué está pasando en Birmania?

Los rohingyas son una minoría de Birmania de piel más oscura y religión musulmana. Estas son las dos razones que llevan al ejército del país a estar cometiendo una limpieza étnica que critica incluso el secretario general de la ONU, António Guterres. El nivel de la masacre es tal que 370.000 rohingyas ya han huido de la región de Rajine a Bangladesh en sólo dos semanas, lo que agrava la situación porque este país, además de pobre, ya está superpoblado.

Refugiado rohingyas esperan en un campo de refugiados en Bangladesh / Abir Abdullah (EFE)

Refugiado rohingyas esperan en un campo de refugiados en Bangladesh / Abir Abdullah (EFE)

El brazo armado de los rohingyas, ARSA, asesinó el pasado 25 de agosto a una decena de agentes de la policía en un ataque simultáneo a varias comisarías. Pero la represalia, que no se ha hecho esperar, no responde precisamente a los principios de proporcionalidad. El ejército se cobró la vida de más de 400 personas de esta etnia en su contraofensiva. Estos enfrentamientos que empezaron a finales de agosto son los que han forzado a miles de musulmanes birmanos a abandonar el país de mayoría budista. Un millón de rohingyas habitan en esa región limítrofe con Bangladesh.

Un momento, ¿no era Birmania el país de Aung San Suu Kyi, la líder activista que pasó años en la cárcel, fue galardonada con el Nobel de la Paz y ahora gobierna? La misma. Suu Kyi ha cancelado su viaje a Nueva York para participar en la próxima Asamblea General de la ONU y dará un discurso por televisión el próximo día 19 para llamar a la reconciliación. El problema es que Suu Kyi es sólo la líder civil porque aunque su partido ganó las elecciones la Constitución le impide gobernar. No controla a los militares, que obedecen al Consejo de Seguridad, que abordó ayer la crisis por primera vez en una reunión a puerta cerrada. A pesar de ello la Nobel de la Paz está recibiendo críticas por su inacción, una de las más relevantes por parte del Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano.

La ONG Avaaz está recogiendo firmas para pedir a la comunidad internacional que retire su respaldo al ejército birmano, concretamente a Alemania, Italia y el Reino Unido. El embajador británico, Jonathan Allen, se mostró tibio ante la situación diciendo que estaban discutiendo la respuesta correcta. El líder de la ONU también ha sido cuidadoso con sus palabras: no negó la limpieza étnica pero tampoco pronunció esas palabras. Lo que sí afirmó es que la situación es “catastrófica”. Quien no se corta en expresar su apoyo a las autoridades birmanas es China. En una rueda de prensa el portavoz de Exteriores señaló que “la comunidad internacional debería apoyar los esfuerzos de Birmania por preservar la estabilidad de su desarrollo nacional”.