El peligroso viraje de Austria hacia la derecha

Las elecciones legislativas que ha celebrado la república alpina este domingo confirman, sin ninguna duda, el viraje del país hacia la derecha. Los conservadores del partido popular austriaco (ÖVP), la fuerza más votada, ganan 15 escaños más en el parlamento mientras que la extrema derecha, el Partido de la Libertad (FPÖ) gana 11.

Aunque los socialdemócratas se mantienen en número de diputados pasan a ser la segunda fuerza, por detrás de los conservadores y seguidos de muy cerca por la extrema derecha. El escenario más probable aquí, y es donde está el peligroso camino que puede emprender el país, es un gobierno de coalición formado por el partido conservador -con su jovencísimo líder Sebastian Kurz (31) de canciller- con la extrema derecha de socio. Así, este partido de raíces nazis, puede ser clave para la formación de un gobierno de coalición.

De suceder, la extrema derecha volvería al gobierno por primera vez en quince años. Durante la última década el gobierno ha estado dominado por la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas pero la relación entre ambos partidos, con escándalos y disputas de por medio, se resquebrajó el pasado mayo. Fue entonces cuando se decidió avanzar las elecciones legislativas al 15 de octubre ya que en realidad éstas no estaban programadas hasta otoño de 2018. 

Como explicaba el periodista de ‘The Guardian’ Philip Oltermann hace un par de días en un artículo, si el FPÖ llega a ser socio, su líder actual, Heinz-Christian Strache, podría convertirse en el primer político europeo desde la Segunda Guerra Mundial en llegar al gobierno con un historial nazi. El periódico ‘Süddeutsche Zeitung’ descubre en un artículo este mismo domingo “los papeles Strache”, una investigación que explica los vínculos del líder de la extrema derecha con movimientos y círculos neonazis.  El primer presidente del partido, fundado en 1956, fue un antiguo miembro de las SS.

Un gobierno de derechas con un posible ministro de Exteriores euroescéptico y anti-inmigración puede sacudir todavía más una Europa en plena convulsión. Con un Reino Unido que se va -y la difícil negociación del Brexit-, una Alemania tratando de formar gobierno tricolor y un fracaso europeo estrepitoso en la gestión de la crisis de los refugiados, esto es lo último que le conviene a la UE, pero sobre todo a la sociedad.