Ellos pasan hambre, tú tiras comida

Mientras 800 millones de personas pasan hambre en el mundo, un tercio de los alimentos se pierde o se desperdicia, según la FAO / FOTO: Quartzla (Pixabay CC)

Mientras 800 millones de personas pasan hambre en el mundo, un tercio de los alimentos se pierde o se desperdicia, según la FAO / FOTO: Quartzla (Pixabay CC)

El Día Mundial de la Alimentación no es un tópico, sino una fecha, la del 16 de octubre, escogida por Naciones Unidas para alcanzar un objetivo factible, pero que no acaba de llegar: acabar con el hambre en el mundo.

Si es factible es porque, a pesar de que una de cada nueve personas (un total de 800 millones) pasa hambre, el mundo produce alimentos suficientes para abastecer a toda la población. Y aun así, el hambre mata a más personas anualmente que la malaria, la tuberculosis y el sida juntos. Por no hablar del despilfarro alimentario: un tercio de los alimentos producidos en todo el mundo se pierde o se desperdicia.

Todos estos datos pertenecen a la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura cuyo objetivo es acabar con el hambre en 2030 y promover una alimentación segura y nutritiva.

Si tuviésemos que trazar un perfil de una persona que pasa hambre en el mundo, probablemente sería una niña de una zona rural dependiente de la agricultura. Esto se explica porque el 60% de las personas que padecen esta lacra son mujeres y el 45% de las muertes infantiles están relacionadas con la desnutrición, además de que el 80% de las personas que viven en situación de pobreza extrema en el mundo se encuentran en zonas rurales donde la principal actividad de subsistencia es la agricultura.

Una de las preocupaciones más recientes es el cambio climático, ya que afecta enormemente a los cultivos de los que vive buena parte de este segmento de la población, y se suma a las clásicas problemáticas que parecen no tener fin.

La FAO trabaja en un total de 130 países para conseguir el objetivo de hambre cero, consciente del enorme coste que supone la desnutrición en la economía mundial: 3,5 billones (sí, sí, billones) de dólares, es decir, unos 3 billones de euros, al año.

En el polo opuesto, aunque estrechamente relacionado con el problema nutricional, se encuentra el sobrepeso, que afecta a una de cada cuatro personas en todo el mundo, esto es, a 1,9 mil millones de individuos. Y si en el otro lado había escasez de alimentos, en este aparece el despilfarro de comida.

Aunque lentamente, los esfuerzos de la FAO han servido para que cada vez más países desarrollados tomen conciencia sobre el despilfarro de alimentos. En 2015 Francia prohibió por ley a los grandes supermercados que tirasen la comida, con la obligación de donarla a entidades sociales o para su aprovechamiento como alimentación animal o fábrica de abonos.

Sólo en la Unión Europea se despilfarran cada año 89 millones de toneladas de comida en buen estado, según un informe reciente encargado por la Comisión Europea. Del mismo estudio se desprende que el 42% de los desperdicios provienen de los hogares, el 39% de los procesos de fabricación, el 5% de la distribución y el 14% de los servicios de restauración y cátering. Y la mayor parte de estos despilfarros son evitables.

Con todos estos datos en la mano, cabe preguntarse si el trabajo de la FAO servirá de algo si nosotros, como ciudadanos del primer mundo, no tomamos conciencia del papel que jugamos en este asunto cada vez que tiramos un plato de comida a la basura.