#MeToo, la prueba irrefutable de un mundo machista

Decenas de actrices han denunciado haber sufrido abusos por parte del productor Harvey Weinstein, quien podría enfrentarse a 25 años de prisión / FOTO: DAVID SHANKBONE, Wikipedia

Decenas de actrices han denunciado haber sufrido abusos por parte del productor Harvey Weinstein, quien podría enfrentarse a 25 años de prisión / FOTO: DAVID SHANKBONE, Wikipedia

No son histéricas, son valientes. Con estas palabras han manifestado su apoyo numerosos usuarios de las redes sociales a las decenas de actrices que en los últimos días han denunciado el acoso sufrido a manos del productor de Hollywood Harvey Weinstein con el hashtag #MeToo (yo también), tras la publicación de un demoledor artículo en The New York Times.

La reacción fue una respuesta natural a los muchos tuiteros que cuestionaron y criticaron a las actrices, acusándolas de sumarse al carro de una orquestada campaña de desprestigio contra él por supuestamente, especulaban, “no darles un papel” en una película.

Si algo tiene la frase “cuando el río suena, agua lleva” es que su carga de verdad, aunque sea difícilmente demostrable, no sienta bien a ciertos círculos. Y además, en este caso, no es una verdad infundada: todas las actrices han explicado –algunas con pelos y señales– cuándo, cómo y dónde sufrieron acoso sexual por parte de Weinstein, desde Angelina Jolie a Gwyneth Paltrow, pasando por Rose McGowan, Lupita Nyong’o, Cara Delevingne, Lena Headey o Ashley Judd.

Sin embargo, todos esos testimonios parecen ser insuficientes para una sociedad donde todavía predomina el machismo. Y el feminismo, su respuesta natural, sólo está empezando a hacer ruido gracias a que los rostros más famosos del cine, la política o la música están decidiendo dejar de guardar silencio.

El silencio es, precisamente, otro de los elementos que más se les ha criticado a estas mujeres. La primera, Jane Fonda, quien pidió disculpas públicas por no haber denunciado los abusos de Harvey Weinstein aun conociendo el caso de una de sus víctimas. Pero Fonda sabe bien lo que supone ser víctima, ya que ella misma afirmó haber sido violada cuando era una niña.

Otro sonado silencio, valga el oxímoron, es el del cineasta Quentin Tarantino, quien ha reconocido que sabía de los abusos de Weinstein “lo suficiente como para haber hecho más” de lo que hizo. Quienes se lo contaron fueron otras actrices afectadas y amigas del cineasta, pero Harvey Weinstein también era su amigo. Y eso pudo más.

Sin embargo, el hecho de que Jane Fonda fuese víctima de abuso hace que su silencio sea menos cómplice que el de Tarantino: una persona que ha sido víctima sabe bien el miedo que sienten las otras víctimas y, por tanto, puede llegar a la conclusión de que denunciar una cosa así sin el consentimiento de las afectadas es meterse en terreno pantanoso, hacer aflorar vergüenzas y, en definitiva, aumentar el nivel de sufrimiento.

Más allá de guardar silencio, los actores Matt Damon y Russel Crowe llegaron a encubrir los abusos de Weinstein en el 2004, según denunció la periodista Sharon Waxman, fundadora del portal The Wrap News. También la actriz Rose McGowan, que se ha convertido en la líder de esta oleada de denuncias contra el productor, acusó en su cuenta de Twitter a Ben Affleck de haberse callado aun sabiendo la verdad. Tras ello, su cuenta de la red social (la de ella) fue cerrada durante unas horas.

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La vergüenza es un elemento que se repite en todos los episodios de abuso sexual. Nace del miedo a ser señaladas en la sociedad como prostitutas, provocadoras y oportunistas, del terror a que no te crean, te señalen e incluso te amenacen por relatar tu horror. Y eso va mucho más allá del universo Hollywood: ocurre a diario con los vídeos sexuales que muchos hombres usan a modo de chantaje o venganza en Internet, especialmente entre los más jóvenes, y que han llevado a numerosas víctimas a la depresión o al suicidio.

Por eso el hashtag #MeToo se extendió como la pólvora por las redes sociales y se convirtió en tendencia mundial: millones de mujeres de todo el mundo reconocían haber sido acosadas sexualmente en algún momento de sus vidas. Reconocían, en definitiva, que el mundo está lleno de Harveys Weinstein que campan a sus anchas aprovechándose del miedo de sus víctimas a ser señaladas.

Hollywood es una megaindustria donde al omnipresente patriarcado se suma el componente de dinero y poder: quien lo tiene, hace, deshace y luego compra el silencio con sus miles de dólares. Y, entremedias, la amenaza de hundir tu carrera para siempre si abres la boca.

Así lo describió la propia Jane Fonda: “¿Por qué no hablaron sobre ello? Porque él es poderoso, acosó a jóvenes, la mayoría mujeres que tenían unos veinte años cuando ocurrió, vulnerables, con miedo a que si decían algo o hacían algo les arruinaría la carrera”.

Aunque Weinstein fue expulsado de la Academia y el sindicato de productores de Hollywood, además de que el Instituto de Cine Británico le retiró la membresía de honor, el productor ha recibido apoyo público por parte de la diseñadora Donna Karan o el cineasta Woody Allen -aunque a su manera en el caso de este último, quien, por cierto, también fue acusado de abusar sexualmente de su hija adoptiva-, aunque también el frontal rechazo de otros como Barack Obama, quien señaló que el productor debe ser “condenado y responsabilizado”.

Según expertos consultados por The Guardian, Harvey Weinstein podría enfrentarse a 25 años de cárcel por abuso sexual.