Somalia, ¿a quién le importa?

Entre Somalia y el resto del mundo hay mucho más que una frontera. Hay un muro. Ese que separa los lugares de interés informativo de los que no lo tienen. El mismo que aplasta e invisibiliza a todos los que viven cercados por su opaca e impenetrable estructura.

El pasado 14 de octubre Somalia sufrió dos brutales ataques con camiones bomba contra un hotel y un concurrido mercado en la capital, Mogadiscio. En ese momento ya se sospechó que podría tratarse del peor atentado de la historia, después del 11-S, pero ahora acaba de confirmarse: 512 personas murieron por causa del atentado.

Pero Somalia no es Nueva York ni París ni Londres. Es ese país en algún lugar de África del que sólo sabemos una cosa: allí no iríamos a hacer turismo.

El atentado de Somalia no es una guerra civil entre dos bandos, sino una masacre contra la población. Es un ataque (dos) mucho mayor que los acontecidos en Europa y Estados Unidos en el último año. El balance de víctimas mortales subió de los 358 muertos contabilizados en un primer momento al más de medio millar que se hizo público este viernes.

Como ya avanzaba nuestra compañera Elena González en la semana del atentado, la identificación de los cuerpos se convirtió en una labor muy complicada debido a que un gran número de víctimas murieron calcinadas. Ahora sabemos que el ataque fue el más cruel de la historia de Somalia y uno de los más mortíferos de nuestra historia reciente.

Mientras que países como Estados Unidos, Canadá y la gran mayoría de los europeos se encuentran por debajo del puesto 23 en el Índice de Terrorismo Global, Somalia ocupa la posición número 7, por detrás de países como Irak, Afganistán, Siria o Nigeria.

En lo que va de año, el país del cuerno de África ha sufrido un total de 359 ataques terroristas, con un saldo de 740 muertos. Para que nos hagamos una idea, son casi un 1.400% más de ataques y un 687% más de fallecidos que en Francia, el país de la Unión Europea que ocupa el puesto más alto del ránking de 2017.ç

Todo el mundo da por hecho que la autoría del atentado es de Al-Shabab -vinculado a Al-Qaeda desde 2012-, aunque el grupo terrorista no la ha asumido.

El informe anual de Vision of humanity, encargado de la elaboración del índice, sostiene que “Al-Shabab ha matado a más de 4.000 personas desde su creación en 2006”, tanto en Somalia como en Kenia, donde es “el grupo terrorista más activo”.

“En 2016, el ataque más mortífero del grupo en Kenia se saldó con 12 personas muertas en una casa de huéspedes en Mandera. Esto refleja, en parte, el nuevo enfoque de Al-Shabab en Somalia, donde cometió un 36% más de ataques que en 2016, con un 10% más de víctimas”, añade el documento.

No cabe duda de que en Somalia (y en otros países africanos y asiáticos como Filipinas, Tailandia, República Democrática del Congo y Sudán), el terrorismo supone un problema real en tanto en cuanto sus dimensiones se traducen en centenares de muertes cada año. Sin embargo volvemos, una vez más, a la pregunta de siempre:

¿Por qué Somalia no ocupa portadas en los periódicos de todo el mundo?

Puede que el hecho de que Somalia sea el estado más fallido de África, sumado a su condición de país africano, que todo lo lastra y todo lo invisibiliza, tenga algo que ver. Algo parecido a la situación actual de Libia (porque, ¿quién se acuerda ya de Libia?).

Esta vez no hay memoria, porque Somalia nos queda demasiado lejos. No hay “Pray for Somalia”, ni “Je suis Somalia”. Sólo 512 muertos y el segundo peor atentado de la historia.