Meghan Markle: cuando el precio del amor es el silencio

Meghan Markle no es la prometida del príncipe Harry de Inglaterra, sino una actriz, modelo y activista por los derechos de las mujeres, detractora del “misógino” Donald Trump y del odio racial, crítica con el brexit y simpatizante de Noam Chomsky. Sin embargo, su compromiso con el quinto miembro en la línea de sucesión al trono británico la obligará a suavizar su activismo para cumplir con el protocolo de neutralidad de la Royal Family.

En julio del año pasado, cuando su noviazgo con Harry todavía no tenía confirmación oficial, Markle recomendó a través de su cuenta de Instagram el libro de Chomsky ¿Quién domina el mundo? (Who rules the world?). En él, el estadounidense sostiene que “Estados Unidos, por medio de sus políticas predominantemente militaristas y su ilimitada devoción por mantener un imperio de escala mundial, está arriesgándose a una catástrofe que destrozaría los bienes comunes del planeta”, además de asegurar que “las élites de Estados Unidos han ido aislándose cada vez más ante cualquier restricción que la democracia pretenda imponer a su poder”.

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Los analistas políticos están convencidos de que, a raíz de su compromiso con Harry, Meghan enfocará su activismo hacia causas sociales, tal como hizo en su momento la madre de su pareja, la princesa Diana.

De hecho, ella misma afirmó que dejará de lado su trabajo como actriz para dedicarse al trabajo humanitario, un terreno en el que ya tiene experiencia: forma parte de la organización World Vision y el año pasado viajó a Ruanda en el marco de una campaña para llevar agua potable .

Sin embargo, ante el furor que causó su simpatía con Chomsky, el filósofo y politólogo quiso pronunciarse al respecto en unas declaraciones a The Guardian. “Parece que Meghan Markle, por muchas razones, podría dar un cambio radical a la familia real”, señaló. Y es muy posible que esta opinión no fuese del agrado de la reina Isabel II.

Como buena activista, Markle utiliza -o utilizaba- las redes sociales a menudo para expresar opiniones personales de contenido político e idológico. A través de su cuenta de Twitter expresó en su momento su disconformidad con Donald Trump y se mostró contraria al brexit publicando una pancarta en la que se leía: “Si ahora la UE me abandona, te llevas la mayor parte de mí”.

Feminista ante una oleada de machismo

Californiana, pero afincada en Toronto (Canadá), y de madre afroamericana, Markle llamó la atención desde el primer momento en que se supo de su noviazgo con el príncipe Harry. Era conocida por su papel de Rachel Zane en la serie estadounidense Suits, pero también por encarnar  a la agente del FBI Amy Jessup en la ficción del canal FOX Fringe.

Ahora que su compromiso ha sido anunciado a bombo y platillo, han comenzado a brotar en las redes sociales varios vídeos de Meghan Markle que, aunque son mayoritariamente del agrado de las masas, es muy probable que no se vuelvan a repetir.

Uno de ellos es su discurso en ONU Mujeres hace poco más de dos años, donde se declaraba abiertamente feminista y mostraba su compromiso con la igualdad de género, además de dar su apoyo a la entonces candidata a la carrera presidencial estadounidense, Hillary Clinton, tras contar una anécdota que no dejó indiferente a nadie.

Pero, cuando su noviazgo con Harry todavía no tenía confirmación oficial, Markle tuvo que soportar el acoso mediático y sexista cuando alguien publicó vídeos suyos, en los que interpretaba escenas subidas de tono en Suits, en páginas web de vídeos porno.

Tras ese episodio, el acoso de la prensa y las redes sociales hacia ella y su familia se incrementó hasta el punto que el príncipe Harry decidió salir en su defensa mediante un comunicado oficial del Palacio de Kensington en el que, de paso, se confirmaba la relación entre ambos.

Pero no fue el único episodio desagradable que Meghan Markle tuvo que soportar por su relación con el príncipe Harry. Del mismo modo que ocurrió con otras aspirantes a casarse con miembros de familias reales, como Letizia Ortiz, Markle también recibió críticas por estar divorciada.

Además, algunos medios de comunicación se han dedicado a hacer comparaciones indeseables entre Markle e Ivanka Trump, que mantienen una relación de amistad, por sus gustos similares en el vestir.

Además de renunciar a su activismo habitual y a su carrera como actriz, Meghan Markle tendrá que cambiar otras cosas en su vida para casarse con Harry de Inglaterra para cumplir con el protocolo de la casa real británica. Una de las primeras medidas que tomó fue cerrar su blog de estilo The Tig, donde escribía sobre moda, gastronomía y feminismo, y a partir de ahora sus tareas humanitarias tendrán que pasar el filtro de Kensington Palace.

Lo que no deja de sorprender es que, tras los escándalos protagonizados por otros miembros de la familia real británica, como la relación extramatrimonial de Carlos de Inglaterra con Camilla Parker o el disfraz de nazi y las juergas con alcohol y drogas del propio Harry, una mujer con carrera y firmes compromisos sociales tenga que inhibirse de su vida, su trabajo y sus principios por amar a un príncipe de Inglaterra en pleno siglo XXI.