El turismo masivo amenaza la cueva más grande del mundo en Vietnam

Cueva de Son Doong, la más grande del mundo / Caters News Agency

Cueva de Son Doong, la más grande del mundo / Caters News Agency

La plaza San Marcos de Venecia. Las playas de Bali en Indonesia o de Koh Tarutao en Tailandia. El Machu Picchu. El barrio gótico de Barcelona. Son lugares donde las hordas de turistas en masa destrozan la convivencia de sus habitantes o alteran el equilibrio de su naturaleza. Lejos de protegerse, cada vez más joyas de este mundo se apuntan a la lista de un turismo masivo que acabará con ellas a largo plazo. La última es Son Doong, la cueva más grande del mundo, en el centro de Vietnam. Su gobierno comunista quiere construir un teleférico que haga posible la llegada de miles de turistas cada día. Un infierno para los amantes de la montaña.

Las 47.000 firmas que ha recogido el movimiento social que quiere proteger el parque de Phong Nha Ke-Bang -donde se encuentran decenas de cuevas, entre ellas la más grande del mundo- no han frenado las intenciones del gobierno. Aunque parezcan pocas, son muchas teniendo en cuenta la represión de la libertad de expresión en Vietnam. Tantas que han conseguido que el Gobierno, al menos, cambiara sus planes. Una derrota que seguirá afectando al ecosistema de un parque nacional protegido por la UNESCO.

El plan inicial era construir un teleférico de 212 millones de dólares para facilitar el acceso a la cueva más grande del mundo. Visitarla ahora supone una excursión de varios días, cierta experiencia y un buen estado físico, además del pago de unos 3.000 dólares. Para conservar la cueva, los tours se hacen en grupos reducidos, un fuerte contraste con los planes de masificación turística del gobierno.

Paradise Cave, en Phong Nha Ke-Bang / Esperanza Escribano

Paradise Cave, en Phong Nha Ke-Bang / Esperanza Escribano

Aunque la presión mediática y de la UNESCO forzó al gobierno a anunciar que Phong Nha Ke-Bang estaría a salvo de cualquier construcción hasta 2030, la provincia de Quang Binh, que nunca ha renunciado a sus planes de construir teleféricos que crucen el parque ha conseguido que el ejecutivo central muestre “su acuerdo en principio” con un nuevo plan. Esas fueron las palabras del primer ministro Nguyen Xuan Phuc, que también admitió que la idea sigue generando mucha controversia.

El nuevo plan consiste en un teleférico de 5,2 kilómetros que conectará la principal autovía con la tercera cueva más grande del mundo, famosa desde su aparición mediática en 2015. Aunque el primer ministro ha ordenado que el proyecto no se “sobreexplote” una vez se termine, los ecologistas no se fían.

Albergar la cueva más grande del mundo, descrita por National Geographic como “una de las cuevas más cautivadoras de la Tierra” es demasiado goloso. Cuando las cuevas se descubrieron, el pueblo más cercano, una aldea pobre que arrastra las cicatrices de la guerra contra Estados Unidos, experimentó un boom turístico.

El pueblo más cercano al parque Nacional de Phong Nha Ke-Bang / Esperanza Escribano

El pueblo más cercano al parque Nacional de Phong Nha Ke-Bang / Esperanza Escribano

La provincia entera es famosa por ser una de las que más sufrió la guerra. A esa situación se suma un terreno plagado de montañas que dificultan la agricultura y la frecuencia de tifones, que empujan a Quang Binh en brazos del turismo de masas.

El problema afecta no sólo a la provincia de Quang Binh, sino al país entero. Los vietnamitas se quejan de que se está sacrificando la naturaleza por el turismo. La famosa bahía de Halong Bay o el pico Fansipan, el más alto de Vietnam en plenos campos de arroz, ya están marcados por los teleféricos o albergan planes para construirlos.

Las compañías que construyen las infraestructuras ni siquiera son vietnamitas. Sun Group, la encargada de llevar a cabo el proyecto en las cuevas de Phong Nha Ke-Bang, es un fondo de inversión privado con presencia en Rusia e India. El debate está servido, porque como denuncia Save Son Doong, la plataforma contra la destrucción que esos proyectos supondrían para un entorno natural increíble, el tipo de turismo cambiaría. Los viajeros en busca de aventura y contacto con la naturaleza, que quieren conocer verdaderamente el lugar, serían sustituidos por otros “que pasa muy poco tiempo allí”, denunciaba una de sus portavoces. Turistas que llegan, se hacen la foto y se van.

También estará en riesgo el trabajo de los más de 400 guías y porteadores encargados a día de hoy de llevar a los grupos por el parque nacional. Vietnam se asoma al debate del siglo: el problema no es el turismo, es quién y cómo se lucra del nuevo diamante. ¿Serán los pobres de la provincia a los fondos de inversión multinacionales?