¿Es posible un mar sin mujeres?

“Me miraban con mala cara. Si hablaba, me interrumpían. Si hacía una propuesta, me ignoraban. Sin embargo, aplaudieron la misma propuesta minutos más tarde cuando quien la hizo fue un compañero“. Así me contaba Carmen hace cosa de dos años cómo encajaron algunos en la cofradía de pescadores su ingreso como la primera mujer miembro de pleno derecho.

“También hubo quien se alegró porque, como yo, entienden que el mar es de quien lo trabaja”, matiza. A sus 35 años, lleva ya unos cuantos jugándose la vida en las rocas de la costa de Galicia, uno de los litorales más recortados de Europa, debido a la tremenda erosión de las olas. En una ocasión, un golpe de mar se la llevó y tuvo que ser rescatada en helicóptero. Si puede elegir, prefiere evitar el tema. “Siempre habrá quien diga que las mujeres no valemos para esto”.

Las canciones populares y la literatura siempre se han referido a las gentes del mar como hombres que trabajaban de sol a sol y se embarcaban durante largos períodos, mientras las mujeres les esperaban tejiendo, cuidando del hogar… o eran sirenas culpables de sus naufragios. Pero, en la vida real, las mujeres también son trabajadoras del mar y suponen un pilar imprescindible en el mantenimiento del motor económico pesquero.

A pesar de ello, las mujeres en el mundo de la pesca también son víctimas de un techo de cristal que las aparta de la toma de decisiones y de las organizaciones de pescadores de todo el mundo. Así lo denuncia la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en un informe reciente.

“El creciente reconocimiento de la multiplicidad de roles desempeñados por las mujeres y su crucial contribución al sector pesquero contrasta con la baja presencia femenina en las organizaciones de pescadores de todo el mundo y la falta de acceso a puestos de toma de decisiones en muchas entidades relacionadas con la pesca”.

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Thomas Bjørkan / FLICKR Commons

Pero el informe de FAO no se limita a señalar las desigualdades de género en el sector de la pesca a nivel mundial, sino que reconoce casos de liderazgo femenino de éxito y subraya algunas medidas que ya funcionan para mejorar la igualdad de las personas y organizaciones del ámbito pesquero. Carmen es un ejemplo de ello,  al reivindicar su papel dentro de una importante cofradía.

Uno de los ejemplos destacados por FAO es, precisamente, Galicia, donde si bien las mujeres todavía no predominan en los barcos, sí son mayoría abrumadora en actividades como el marisqueo o la transformación, piezas fundamentales en el rendimiento económico del sector.

En Portugal, FAO enfatiza el caso de las mujeres de Vila da Praia desde principios y hasta bien avanzado en siglo XX, que gozaban de una mayor autonomía en el trabajo y las relaciones sociales de la que, con la industrialización, pasaron a tener sus hijas y nietas.

Hoy en día, las mujeres representan alrededor de un tercio de la fuerza de trabajo en la pesca y la acuicultura y su industria auxiliar en numerosos países (entre ellos, España, donde representan el 33%, según el MAPAMA). Pero no es algo nuevo. “Incluso si la participación de las mujeres en la pesca es tan antigua como la práctica misma de la pesca, se han necesitado siglos de trabajo para lograr su reconocimiento, sin ser en absoluto lineal”, apunta FAO.

De hecho, FAO recuerda que las mujeres en el mar son víctimas de estereotipos en los que no se debe insistir, aunque se cumplan en ciertas zonas, como que ellas no participan directamente en las pesquerías o que sus roles en el sector pesquero son de menor importancia. También pone el acento en la problemática de la precariedad laboral.

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Sergio RC / FLICKR Commons

“Las mujeres participan en la pesca de diversas maneras, cubriendo toda la cadena de valor: entre muchos otros aspectos, financian actividades pesqueras, preparan cebos y aparejos de pesca, reparan redes, administran finanzas y negocios familiares, y trabajan en el marisqueo, en la pesca marítima y en la transformación y comercialización de productos del mar”.

En otras palabras: el mar no se entiende sin sus mujeres. Solo falta que las organizaciones de gentes del mar y las políticas pesqueras a todos los niveles estén a la altura y empiecen a valorar como corresponde el papel femenino en las pesquerías. Hay muchas Carmen en el mundo. Y hay que dejar de esconderlas.